Dos nonagenarios hermanos (II)


En el artí­culo anterior escribí­ sobre la extraordinaria vida de mi hermano nonagenario Ernesto Capuano del Vecchio, desde los años 30 del siglo pasado. Una vida dedicada al servicio de la humanidad desposeí­da y ví­ctima de la ensoberbecida clase dominante, acaparadora de fortuna, no sólo en Guatemala, sino en la faz de la Tierra. El hecho que esa hermandad durase, inalterable, por más de 70 años, me honra y me da fuerzas morales para seguir por esa senda de confraternidad en una sociedad no de plutócratas de hartazgo, sino de laborantes solidarios, hasta que el Nawal I X -el de la madre tierra- me suelte de su mano.

Alfonso Bauer

Ahora, me corresponderí­a aludir al otro hermano –es decir, de mí­– pero no lo haré axiológicamente, porque eso le corresponde hacerlo a mis familiares, seres queridos y a mis compatriotas. Sin embargo, con motivo de haber arribado el 29 del mes pasado a mis 90 abriles, fui colmado de múltiples demostraciones de aprecio y cariño, inolvidables para mí­. Se sumaron a esas amorosas manifestaciones, muchos niños, púberes y adolescentes, entre ellos nietos y bisnietos mí­os, a quienes agradezco infinito su afecto, razón por la cual, sí­ deseo contarles que estimo que mi existencia no ha sido inútil, ha sido de trabajo, porque si éste es un derecho humano es, también un deber. De niño, frecuentemente, iba a los talleres del Centro Editorial, que imprimí­a Nuestro Diario, del cual mi padre, Carlos Bauer Avilés, era fundador y codirector. Algo me poní­a a hacer, el señor Torres, jefe de los talleres y, en éstos ya trabajaba como obrero otro niño, a quien estimo como un gran ciudadano y militar, otro hermano nonagenario de Neto y mí­o: Carlos Paz Tejada. A los 16 años ya trabajaba como reportero de Nuestro Diario y no he podido nunca olvidar que las mismas fuentes que yo debí­a atender, atendí­a otro compañero, pero de El Imparcial, nada menos que el poeta quichelense, Paco Méndez. Por haberme negado mi padre un aumento de salario (Q 10 al mes), excusándose porque económicamente me sostení­a, al igual que a mis hermanos, me fui de Nuestro Diario. Y junto con Augusto Rodrí­guez Saravia y Ricardo Barrios, hijo del poeta Alberto Velásquez, fundamos la Revista Literaria Senderos, que fue editada desde 1938 a 1942 y en la que despuntaron escritores como ílvaro Contreras Vélez, Raúl Leiva, Orto Raúl González y obras de quien años después fuese el Verbo de la Revolución, Manuel Galich, obras de teatro que otros medios de comunicación temí­an publicárselos. Me gradué de Abogado y Notario en 1942 y fui profesor de Derecho de Trabajo. Desde estudiante, colaboré con el grupo «escuilache» en el movimiento estudiantil que pugnaba por el derrocamiento de la dictadura ubiquista. En 1944, fui electo diputado al Congreso de la República, pero por sucesos polí­ticos de coyuntura, el presidente Arévalo me solicitó para desempeñar el cargo de Subsecretario (ahora Viceministro) del Ministerio de Economí­a y Trabajo, cargo del cual renuncié por desavenencias con el Ministro, Lic. Clemente Marroquí­n Rojas y fui nombrado por el presidente del Crédito Hipotecario Nacional (CHN), don Carlos Claverie Meister, subjefe del Departamento de Fomento Cooperativo, donde serví­ de 1946 a 1947, año de aprobación del Código del Trabajo, ocasión en la que fui designado por el Congreso de la República, Magistrado Coordinador de Trabajo y Previsión Social, con la misión de fundar los Tribunales del Ramo, de jurisdicción Privativa. En 1948, me nombró el presidente Arévalo, Ministro de Economí­a y Trabajo, cargo en el que me correspondió enfrentar los embates de dominación del Imperio del Banano y de la transnacional petrolera Standard Oil of Ohio, Electric Bond & Share. Serví­ en ese Ministerio hasta el último dí­a de la gestión presidencial del Dr. Arévalo. Durante el Gobierno del presidente Arbenz, desempeñé los cargos de Gerente del Departamento de Fincas Nacionales, para iniciar la aplicación del Programa de Reforma Agraria en fincas del Estado y como Presidente Gerente del Banco Nacional Agrario, que financió, después del CHN el proceso de transformación agraria.

Después de la renuncia del presidente Arbenz, salí­ al exilio en México, en donde trabajé en la revista Problemas Agrí­colas e Industriales de México, de la cual era director el Ingeniero Manuel Marcué Pardiñas y laboraban varios intelectuales de izquierda del mismo partido del dirigente de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), Vicente Lombardo Toledano.

En diciembre de 1957, clandestinamente, retorné a Guatemala y a mediados de 1958, interpuse un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia, la cual resolvió con lugar la interposición de mi acción y abrí­ de nuevo mi bufete profesional, dedicándome a servir a trabajadores individuales y sindicatos, así­ como en asuntos de familia. También retorné a mis actividades universitarias y fui catedrático de Derecho del Trabajo y Derecho Agrario, en la Facultad de Ciencias Económicas y de Lógica Jurí­dica y Derecho Financiero en la Facultad de Ciencias Jurí­dicas y Sociales, ambas Facultades de la USAC. Realicé también actividades académicas como miembro del Consejo Superior Universitario en la década de los 60 del siglo XX, años en los que fui perseguido por los escuadrones de la muerte, organizados o protegidos por el Ejército Nacional y atentado de ejecución extrajudicial, el 30 de noviembre de 1970, a consecuencia del cual hube de estar internado en uno de los hospitales del IGSS durante cinco meses.

Al estar restablecido, tuve que salir al exilio, el 8 de mayo de 1971. El Gobierno de la Unidad Popular, presidido por el Dr. Salvador Allende, me concedió asilo y me dio trabajo en la oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) ?Ministerio? y serví­ en la Unidad de Administración para el Desarrollo. Después de la traición del General Pinochet, en noviembre de 1973 fui a vivir a la Cuba Revolucionaria, habiendo laborado en la Empresa de Carnes y Grasas Comestibles del Ministerio de la Industria de la Alimentación y en el Ministerio de Justicia, hasta el año 1980 y, desde ese año hasta 1988, fui asesor del Ministro de Trabajo del Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en Nicaragua.

De 1988 a 1994 estuve en el sureste de México, como asesor jurí­dico de las Comisiones Permanentes de Refugiados Guatemaltecos en México (CCPP).

De 1995 a 1999, en mi Patria, al servicio de la Asamblea Consultiva de Poblaciones Desarraigadas, que se ocupaba de los refugiados que habí­an retornado de México y otros paí­ses, así­ como de la Organización que atendí­a a la población que habí­a estado enmontañada en territorio nacional durante los años de la insurgencia armada, o sea a las Comunidades de Población en Resistencia.

Del año 2000 al 2003 fui electo diputado del Congreso de la República, por el Listado Nacional y fui miembro de las Comisiones de Puntos Legales y Constitucionales, de Probidad y de Trabajo.

Del 2004 a la fecha, he trabajado en la Procuradurí­a de Derechos Humanos y en el Instituto de Investigaciones Económico Sociales (IIES), de la Facultad de Ciencias Económicas de la USAC, como investigador y profesor interino. También presté servicios en la Coordinación de ONGs Y COOPERATIVAS (CONGCOOP).

(Continuará)