La violencia es cotidiana y casi parte de nuestra tragedia nacional, pero hay cierto tipo de violencia que indudablemente lleva consigo mensajes para el Estado, pero muy particularmente para el sistema nacional de justicia y aparte de ello, conllevan un reto total y absoluto al Estado de Derecho que debe regir a esta pobre y dolorida población.
El primer caso fue el secuestro y salvaje tortura durante 14 horas de la licenciada Gloria Monterroso, esposa del Procurador de los Derechos Humanos, doctor Sergio Morales. El sadismo de sus victimarios fue inaudito, sobre todo tratándose de una mujer que desarrollaba única y exclusivamente tareas de docencia e incursionaba honestamente en la política.
El caso ha sido repudiado por la Comunidad Internacional en pleno porque definitivamente no se trata de un simple amedrentamiento, sino un desafío a las autoridades a través de una figura prestigiosa, como es la del doctor Morales.
No puedo anticiparme a decir que se trata del crimen organizado o cualquiera otro de los poderes paralelos del Estado, que hoy más que nunca manifiestan de manera prepotente su lucha contra un Estado que quiere terminar con el crimen y la impunidad, pero que, tal parece que ello cada día se hace más cuesta arriba y  que los demonios del mal vencerán al bien, si no es y repito, sólo si no es, que los guatemaltecos nos unimos en un solo frente para luchar contra ellos.
Afortunadamente-si es que ellos puede ser «afortunado»- la esposa del Procurado quedó libre, pero es indudable que la vida de la señora de Morales ya no será la misma.
El otro caso, que también llena de indignación, es la muerte alevosa y cobarde de un reportero de hace 15 años, honesto y diligente que dejó buena parte de su vida en las lides periodísticas. Me refiero al periodista Rolando Sántiz quien fue atacado a mansalva en plena zona 1, lo que constituye también un mensaje intimidatorio para todos los periodistas de este país.
Balas asesinas terminaron con la vida del periodista Sántiz, e incluso, posiblemente sus mismos victimarios, amenazaron a las unidades móviles de Telecentro Trece, lugar donde laboraba, para que no le siguieran dando cobertura al caso que enluta al periodismo nacional, retornando, trágicamente, a las noches oscuras del pasado.
Ante estos hechos creo que parte de nuestra sociedad está cada vez más cerca de la debacle y que tendremos que vivir entre el salvajismo, la locura y la muerte.
Los dos hechos a los que con dolor hago mención, deben ser investigados hasta la saciedad y siquiera ahora, cuando parece acercarse el Día del Juicio Final o el infierno, los que tienen a su cargo esta tarea cumplan con ella, por lo menos para decir, entre las lágrimas que corren casi como los caudalosos ríos de Guatemala: !Ya basta!. Pongámosle punto final a la barbarie.
Para el doctor Morales mis muestras de solidaridad y para la familia de Rolando Sántiz, su esposa, hijos y compañeros de trabajo mis sentidas condolencias, pidiéndole resignación. Y que estos hechos sean motivo para unirnos en un frente de dignidad y contra la violencia y el crimen. Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â Â