Cuando escribo estos apuntes aún no he leído La Hora de ayer, pero conforme lo que conversé previa y telefónicamente con él, presumo que mi compañero columnista Félix Loarca Guzmán abordó en su espacio habitual el mismo tema que yo intento enfocar, es decir, los homenajes que se rendirán a los destacados dirigentes socialdemócratas Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr, con ocasión de conmemorarse el trigésimo aniversario de la inmolación de ambos mártires.
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En lo que a mí respecta, tuve una especial relación personal con Colom Argueta, básicamente porque durante su brillante gestión en la alcaldía del municipio de Guatemala, en el período de 1970 a 1974, yo era reportero de la fuente informativa en el Centro Cívico de los desaparecidos diarios La Nación y El Imparcial, sucesivamente, y de esa relación entre funcionario edil y periodista surgió una cordial amistad que perduró hasta su vil asesinato el 22 de marzo de 1979, al igual que con otros dirigentes del Frente Unido de la Revolución (FUR), entre los cuales sobreviven Américo Cifuentes Rivas y Carlos Duarte, entre otros, quienes han mantenido vivo el legado histórico de Manuel.
Al malogrado Fuentes Mohr únicamente lo traté unas pocas ocasiones, cuando lo entrevisté en su calidad de ministro de Hacienda y Crédito Público (hoy Finanzas) y de Relaciones Exteriores, durante la administración del presidente cautivo Julio César Méndez Montenegro, cuando me correspondía cubrir la información noticiosa en esas carteras ministeriales para el también desaparecido diario El Gráfico.
Pero lo anterior es sumamente irrelevante de cara al desempeño de Colom Argueta y Fuentes Mohr en su calidad de líderes de dos corrientes políticas que, al contrario de las fuerzas insurgentes que se alzaron en armas contra los regímenes militares de la época, escogieron el camino de la oposición pacífica para luchar por sus ideales democráticos, lo que, a la postre, los costó la vida a los dos, coincidentemente en un mismo sector de la ciudad y con pocas semanas de distancia, puesto que el que había sido canciller fue ametrallado el 25 de enero de 1979 en la esquina de la 1ª. calle y Avenida la Reforma, zona 9, mientras que el líder del FUR fue ultimado la fecha que ya cité (22 de marzo del mismo año) en la 5ª. calle y 3ª. avenida, también de la zona 9.
Hace varios años, desde esta columna solicité al concejo municipal capitalino que se bautizara con el nombre de Manuel Colom Argueta a la calzada San Juan, a manera de reconocimiento a su visión urbanista, y que también fuera denominada con el nombre del ex alcalde Ramiro Ponce Monroy la calzada Roosevelt, en homenaje a su valiosa gestión al frente de la municipalidad de Guatemala. Meses más tarde, durante una breve conversación, el alcalde ílvaro Arzú me explicó que el tramo que conecta el anillo periférico (oficialmente denominado bulevar Adolfo Mijangos López, otro mártir revolucionario) con la Universidad de San Carlos lleva el nombre de Manuel.
Sin embargo, por medio del abogado Cifuentes Rivas me acabo de enterar de que en la sesión del 16 de abril del año anterior, el concejo municipal metropolitano designó con el nombre del malogrado alcalde Colom Argueta a la 5ª. calle de la zona 9, y con el nombre de Alberto Fuentes Mohr a la 1ª. calle de esa zona, como un reconocimiento a la contribución cívica y política de ambos líderes socialdemócratas para la consolidación de la democracia en Guatemala.
Esos acuerdos municipales fueron resultado de las gestiones de Cifuentes Rivas, Mario Luján Muñoz, Carlos Antonio Morales Molina, Arturo de León, Danilo Rodríguez Gálvez y el ex alcalde José íngel Lee Duarte, quienes argumentaron que Colom Argueta y Fuentes Mohr fueron destacados opositores al régimen militar oligárquico y líderes populares de amplio reconocimiento nacional e internacional.
Estos mismos ciudadanos han integrado un comité o comisión que organizará diferentes actividades cívicas, académicas y políticas, al cumplirse 30 años de la inmolación de los dos líderes socialdemócratas, para evitar que el oficialismo pretenda tomar su bandera de lucha y sacrificio.
(Al leer un viejo volante electoral que dice «Alcalde Lee», Romualdo Tishudo exclama: -¡Ni modo que un alcalde no supiera leer!)