Corea del Norte e Irán arrojaron un balde de agua fría sobre la posibilidad de un diálogo con Estados Unidos, promovida por el presidente Barack Obama y, según analistas, es muy poco lo que el mandatario puede hacer de momento para que «sus enemigos» cambien de actitud.
Corea del Norte detonó ayer una bomba atómica tan poderosa como la que había devastado Hiroshima en abierto desafío a los llamados que Obama formuló al diálogo y a una prohibición mundial de pruebas nucleares.
El mismo día, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, descartó conversaciones con la comunidad internacional sobre los planes nucleares de Irán y, en lugar de eso, le propuso un debate en Naciones Unidas a Obama.
Obama había tendido un puente a los adversarios de Estados Unidos, una impronta de su joven Presidencia, al decir en su discurso de inauguración en enero que extendería su mano a todos los líderes si estos «dejan de estar con el puño cerrado».
Pero este lunes, Obama debió condenar a Corea del Norte y urgir una acción de la comunidad internacional. De todos modos, el líder proverbialmente calmo mostró no estar en pánico, jugando al golf este lunes, feriado del Memorial Day, durante más de cuatro horas.
Gordon Flake, director ejecutivo de la Mansfield Foundation grupo de investigación y análisis que asesoró a Obama sobre Corea del Norte durante su campaña, advirtió contra la interpretación convencional en el sentido de que la prueba nuclear fue una forma de presionar a Washington.
La principal motivación de Corea del Norte, opinó, era doméstica: apuntalar la fuerza del régimen mientras la salud del líder Kim Jong-Il empeora sin cesar tras el derrame que sufrió el año pasado.
«Presumir que se trata de un intento de llamar la atención del gobierno de Obama equivale a suponer que quieren entablar negociaciones. Y las indicaciones en ese sentido son iguales a cero», dijo Flake.
«Es muy claro que en los últimos días del gobierno de (George W.) Bush, ellos tomaron la decisión de abandonar las conversaciones de seis partes y seguir adelante a toda velocidad con su programa nuclear», dijo Flake.
El mes pasado, Corea del Norte se retiró de las conversaciones entre seis partes (las dos Coreas, China, Estados Unidos, Japón y Rusia) que involucraban estímulos a cambio del desarme, en protesta por una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba al país por estar experimentando cohetes de largo alcance.
Víctor Cha, quien fue el principal consejero de Bush sobre asuntos coreanos, también rechazó la «respuesta estándar» de algunos expertos en el sentido de que Pyongyang estaría tratando de provocar a Obama para que aceptase negociaciones cara a cara.
«Pyongyang ha rechazado hasta ahora todos los esfuerzos serios del gobierno de Obama para emprender conversaciones de alto nivel», dijo Cha, quien ahora es profesor en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad de Georgetown.
Irán, por su parte, tiene elecciones el 12 de junio, y según analistas, el presidente Ahmadinejad y otros políticos de línea dura como él consideran imposible hablar con Obama tras hacer campaña anti-estadounidense durante años.
Ahmadinejad ha impulsado la carrera nuclear de Irán, aunque asegura que tiene fines pacíficos y no militares.
Scott Snyder, del Council on Foreign Relations, cree que Irán estará observando cuidadosamente cuál es la reacción del Consejo de Seguridad de la ONU al desafío de Corea del Norte.
«Irán y Corea del norte están realmente unidos en este tema. Lo que pase con Corea del Norte seguramente será visto a través del lente de Irán y viceversa», dijo Snyder.