El domingo 2 fui invitado a un almuerzo por la Junta Directiva de la Fraternidad Shecana con objeto de recaudar fondos para seguir contribuyendo a auxiliar a los habitantes de San Pedro Sacatepéquez, afectados por el terremoto del 7 de noviembre, después de haber enviado víveres, medicinas, ropa y otros objetos por valor de alrededor de Q350 mil, recaudados entre los originarios de aquel municipio del departamento de San Marcos residentes en la ciudad de Guatemala y su área de influencia urbana.
Ese mediodía me encontré con viejos amigos nativos de la cabecera departamental con quienes conviví durante una época de mi adolescencia y parte de mi juventud y que también emigraron a la capital y municipios adyacentes, habiendo intercambiado opiniones respecto a las diferencias prevalecientes entre las autoridades edilicias de aquellas dos comunidades vecinas.
Mis contertulios coincidieron en señalar el desatino de los habitantes del municipio de San Marcos en lo que respecta a la escogencia de sus alcaldes, porque suelen elegir a personas indolentes, pasivas, por no decir negligentes, tal el caso del actual jefe del ayuntamiento que ya lleva cuatro períodos al frente de la comuna, postulado cada vez por diferentes partidos políticos, y la ciudad permanece casi igual como hace 15 años, a no ser que se ha incrementado el caótico tráfico de vehículos.
En un reciente viaje a San Marcos le pregunté a un vecino la razón por la que los ciudadanos del municipio se empecinaban en reelegir al señor Barrios Sacher, en vez de haber elegido en la más reciente consulta electoral a un candidato con ideas renovadoras que se postuló. La respuesta fue parca y contundente: “Es que don Carlitos no roba”.
El violento sismo y sus réplicas, además de provocar saldos fatales y causar destrozos en cientos de viviendas, debeló la realidad. Como ejemplo, citó el caso de la construcción del edificio que albergaba a la Gobernación Departamental, que casi se derrumba. Construido hace alrededor de dos años no soportó la sacudida telúrica del 7 de noviembre, pese a que un “experto” informó a las autoridades municipales que era lo suficientemente sólido como para resistir un fuerte terremoto.
Casualmente, el ingeniero consultado es empleado de la firma constructora contratada por la corporación municipal encabezada por Barrios Sacher para la edificación de esa pésima obra, sin que se haya comprobado que corrieron billetes bajo la mesa edilicia, como suspicaces vecinos lo sospechan.
Al ser entrevistado por periodistas, conjuntamente con el alcalde Carlos Bautista, de San Pedro, sobre sus reacciones inmediatamente después del sismo, Barrios Sacher se habría limitado a decir que “Todo era un caos, un terrible caos”, mientras que Bautista explicó que a principios de este año la municipalidad shecana había organizado un simulacro, de manera que autoridades edilicias y vecinos supieron proceder con serenidad y pusieron en práctica lo asimilado. ¡Qué diferencia!
(El reportero Romualdo Tishudo repregunta a cierto alcalde:-¿Qué piensa de la falla de San Andrés? El edil replica:-Todos cometemos errores ¡Ánimo, Andrés!).