Durante la inauguración de una actividad de la Confederación Sindical Internacional, el presidente ílvaro Colom dijo: «en el gobierno no hay cuerpos paralelos». La conmoción al escuchar tales aseveraciones fue tremenda. Según declaraciones de prensa, Colom «ya hizo una revisión» y por lo tanto, en definitiva «no hay».
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En Guatemala, cientos de informes de organizaciones nacionales e internacionales, aseguran que el incremento de ejecuciones con tiro de gracia, cuerpos con mensajes, desapariciones forzadas y torturas son claras evidencias de que sí existen tales cuerpos ilegales y aparatos clandestinos, que en algunos casos operan amparados bajo la sombra de las instituciones del Estado.
Por lo anterior, se acordó que debía impulsarse la instalación de la CICIG, que el propio presidente Colom, en tiempos de campaña aseguró: «apoyar completamente» y arremetió contra diputados que se oponían al objetivo fundamental «de combatir el crimen y la violencia, incrustada incluso en el mismo Estado».
Las contradicciones son obvias. Desde que el gobierno de Colom asumió han sido asesinadas 170 personas, y los patrones de muertes no varían, igualmente, las justificaciones oficiales, al indicar que «las riñas entre pandillas, crímenes pasionales, nexos con el narcotráfico» son la constante.
No se trata de dar un paseo por las comisarías a las seis de la mañana, esperando encontrar «a los cuerpos paralelos» durmiendo en las literas o tomando su primera taza de café, ni mucho menos, confiar en la palabra de ministros, directores o asesores que aseguran «no tener nexos» con fuerzas oscuras, y que su papel «será desempeñado bajo los estatutos de credibilidad y responsabilidad de los más altos funcionarios habidos y por haber».
El gobierno a cargo de Colom apenas da sus primeros pasos, pero esos, han seguido el camino trazado por políticas que están lejos de sacar al país del abismo de sangre, corrupción, muerte y violaciones a los derechos fundamentales.
El velo de la socialdemocracia se levantó, la verdadera cara, o en este caso «caras», de las fuerzas que siguen y quieren seguir postergando el status quo, se conoció.
El Presidente sigue prometiendo cosas, es momento de recordarle que la campaña proselitista ya pasó. El peso de sus declaraciones y lamentablemente de sus acciones y las de su Gabinete, seguirá siendo cargado por cientos de personas, que hoy pueden conformarse con saber que no hay de qué preocuparse y seguir en ese círculo… o apostarle a un cambio, que por cierto, puede iniciar con la organización. ¡Vámonos, patria, a caminar!