«Yo les recomiendo a las personas que se acerquen, que no tengan temor, no tengan miedo ni nada».
Padre de mujer violada y asesinada.
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No hace falta preguntarle cómo lleva la vida ni cómo va el proceso porque su miraba se adelanta a contestar. Su búsqueda inició hace once meses, una noche de abril cuando su hija Pamela Loarca, de 23 años, no llegó a casa a la hora acostumbrada.
Luego de intentar comunicarse por el teléfono celular inició la búsqueda en casa de amistades y familiares, la siguió en las estaciones de bomberos y hospitales cuando la angustia ganó terreno y, finalmente, llegó a la morgue a recogerla, a donde la habían trasladado luego de localizarle el cuerpo, con la muerte instalada y con claras señales de tortura, en un terreno baldío de la zona 18. Logró comprobarla, reconocerla y enterrarla, pero decidió buscarle la justicia.
Antes de darle el punto final a su vida la amenazaron y lo dijo. «Te la vamos a dar porque no querés soltar, patoja caquera», fue la advertencia que recibió de los tipos que decidieron por ella.
El Ministerio Público recibió la denuncia y las pruebas, los testimonios de quienes la vieron por última vez con vida cuando iba de regreso a casa, los números telefónicos de las personas con las que se comunicó y hasta el nombre del propietario, chofer y ayudante del bus en que viajaba; todo, aportado por la madre que continúa con la búsqueda.
La lucha es por evitar que Pamela se convierta en un número de expediente más en el Ministerio Público, pero el enfrentamiento es contra un Estado estructurado de tal manera que no tenga las posibilidades de garantizar la seguridad y la justicia a una buena parte de la población.
Desde el año 2000, más de tres mil mujeres han sido asesinadas en nuestro país, la mayoría, al igual que Pamela, presentan los mismos cuadros de violencia. Las denuncias están pero la justicia no aparece por ninguna parte; al 97% de los casos les ha ganado la impunidad. En Guatemala, sociedad machista y patriarcal, el femicidio y feminicidio son las muestras más crueles de la exclusión y discriminación contra las mujeres.
El próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se cumplirán cien años desde que los partidos socialistas de Europa y Estados Unidos decidieron realizar una jornada de reflexión sobre la situación de la mujer, a manera de conmemoración por el asesinato de varias mujeres obreras que se habían declarado en huelga para exigir una jornada laboral de diez horas diarias.
A ellas, la dejaron encerradas en la fábrica cuando el dueño la mandó a incendiar porque no estaba dispuesto a negociar, ahora, en nuestro país, el miedo deja encerradas a las mujeres que logran escapar del terror y la muerte, mujeres amenazadas por el mismo hecho de ser mujeres.