El dominicano Félix Díaz se ganó un sitio de honor en el boxeo de los Juegos Olímpicos de Pekín-2008, tras conseguir hoy el paso a la final de los superligeros, un triunfo hecho a pulso y «con el corazón» que dedica a su país y a su madre, una empleada doméstica.
Díaz, de 24 años y 1,65 metros de estatura, derrotó hoy en semifinales al francés Alexis Vastine por 12-10, con parciales 2-3, 0-2, 4-4 y 6-1, y el sábado disputará la medalla de oro al campeón olímpico tailandés Manus Boonjumnong, quien venció al cubano Roniel Iglesias.
La pelea resultó dramática, pues el quisqueyano perdió los dos primeros asaltos y en el tercero, pese al repunte, terminó abajo 9-6 en el global, decidiéndose la clasificación en el último episodio.
El juez sancionó al francés por amarrar, sumándole dos puntos a Díaz, que en el tiempo restante se dedicó a manejar las acciones resistiendo los embates de Vastine, quinto en el Mundial de Chicago-2007 y que había reservado el bronce con su paso a semifinales.
El púgil, envuelto en el pabellón dominicano y rebosante de felicidad, celebró la victoria con su esquina y con los asistentes al Gimasio de los Trabajadores, que lo despidieron con aplausos y pidiéndole autógrafos.
Díaz, padre de dos niños, tiene asegurada como mínimo la presea de plata, que se convierte en la primera para su país luego del bronce ganado en Los Angeles-1984.
«Me siento orgulloso de darle esta alegría a mi país. Cuando estuve en la selección juvenil dije que mi sueño era ir a unos Juegos Olímpicos y ahora voy por el oro», señaló el pegador, hijo de una empleada doméstica y de un prestador de servicios domiciliarios.
El boxeador admitió haberse sentido «un poco quedado» en el arranque, pero sostuvo que «gracias a sus buenas condiciones» pudo recuperarse.
«Le dedico este triunfo a mi país, a mi madre, y en especial al señor (secretario de deportes) Felipe Payano y al presidente (de República Dominicana) Leonel Fernández. Esta medalla es del país y se las dedicó a ellos», agregó.
Díaz manifestó que debió emplearse a fondo para lanzar tantos golpes como pudiera, y sostuvo que siempre confió en el triunfo.
«Cuando hay condiciones y fe en Dios, todo se puede», apostilló el deportista, el mejor púgil latinoamericano del certamen, sin contar a los integrantes del poderoso equipo cubano, rey del boxeo olímpico desde Barcelona-1992.
Salvó el dominicano y los antillanos, ningún otro atleta de América Latina clasificó a las semifinales.
El medallista expresó que el choque con Boonjumnong «será una revancha para el boxeo latinoamericano», pues en Atenas-2004 el tailandés privó del oro al cubano Yudel Johnson venciéndolo en la final.
Díaz eliminó en primera ronda al armenio Eduard Hambardzumyan (11-4), en octavos de final al irlandés Johnny Joyce (decisión) y en cuartos al iraní Morteza Sepahvandi (11-6).
La segunda pelea fue una de las más significativas, pues se resolvió a su favor luego de un empate 11-11. Entonces el quisqueyano dijo que había sido «una victoria con el corazón», pues también debió remotar el resultado.
El dominicano atribuye el éxito al apoyo de las autoridades dominicanas y a la constancia, así como a un entrenamiento en altura que realizó antes de las justas en la ciudad colombiana de Tunja (centro).