La deficiente formación docente es uno de los problemas que la mayoría de países latinoamericanos busca resolver; sin embargo, los diseños de sus políticas dirigidas a la profesionalización de este sector han sido cuestionadas incansablemente, puesto que no han logrado su cometido: mejorar la calidad educativa.
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A criterio del analista Virgilio ílvarez, de la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (Flacso), se debe tener en cuenta dos aspectos fundamentales para lograr una mejora en la formación docente: la situación de los maestros que están en servicio y la de los jóvenes que están en formación.
Según ílvarez, es necesario definir y tener claro cuáles son las deficiencias, necesidades y los intereses de los maestros, para establecer programas de largo plazo, para quienes están en servicio. También considera que es fundamental evaluar cómo se ha llevado la reforma y cómo se hicieron los cambios.
«Se debe establecer cuánto de eso se puede quedar y cuánto se debe cambiar, pero evaluando y midiendo resultados; en segundo lugar ponernos de acuerdo como país para saber qué tipo de maestros necesitamos», manifestó el analista.
ílvarez considera que antes de discutir cuánto tiempo debe durar la carrera docente, es imprescindible responder los cuestionamientos de: cuánto deben saber los maestros y cómo se les va a educar, «sólo entonces debemos preguntarnos cuánto va a durar», enfatizó.
Responsabilidad de Estado
Un punto medular para lograr la profesionalización docente es la inversión que se hace en el rubro educativo. Mucho se ha dicho que ésta es una responsabilidad que debe ser asumida por los padres de familia.
Sin embargo, ílvarez indica que el tema no debe ser una responsabilidad del padre, sino del Estado. «No importa si son tres o cuatro años, hay que invertir. Es un costo que todos deberíamos hacer para tener buenos maestros», refirió.
En la discusión sobre la formación docente, el experto indica que se debe crear «normalistas de tiempo completo», ya que la mayoría de los estudiantes de la carrera sólo cursan medio tiempo, por lo que se reducen las posibilidades de mejorar el aprendizaje y la práctica.
Pese a que la mayoría de quienes cursan esta carrera provienen de familias rurales de escasos recursos, ílvarez afirma que no se debe centrar el diálogo en ver cuánto tiene el niño para estudiar, sino cuánto quiere el Estado formar.
«No es lo mismo formar contadores, ingenieros o mecánicos, esas son decisiones personales. Pero si me quiero hacer maestro, es el Estado quien debe ofrecer las posibilidades, porque es la sociedad la que necesita buenos maestros», puntualizó.
Según Hosy Orozco, miembro del grupo técnico de la Gran Campaña Nacional por la Educación, uno de los problemas es que muchos de los estudiantes que ingresan a la carrera docente, llevan un promedio académico mucho más bajo, comparado con el que poseen estudiantes que ingresan a otras carreras.
Según Orozco, esto se debe a que la mayoría de jóvenes que se involucran en esta profesión, son de áreas de escasos recursos y la formación de los padres es mucho más baja.
«Por ejemplo, para estudiar Derecho o Arquitectura, carreras de mayor valoración social, se hacen rigurosos exámenes de admisión, y eso asegura que lleguen estudiantes con alto nivel académico», aseveró.