Al menos 40 personas murieron hoy en episodios violentos en Irak, 20 de ellos en un doble atentado suicida en Ramadi (oeste), al día siguiente de una jornada particularmente sangrienta en la cual murieron unos 60 iraquíes, ocho militares estadounidenses y un fotógrafo ruso.
«Un carro bomba conducido por un terrorista explotó cerca de un mercado a 5 km al norte de Ramadi, al mediodía (08:00)», declaró el coronel Tarek al Dulaimi, de la policía de la provincia de Al Anbar, cuya capital es Ramadi.
«Otro coche bomba estalló cerca de un puesto de control de la policía 10 minutos más tarde», agregó.
«En total, 20 personas murieron durante estos dos atentados suicidas, que dejaron también decenas de heridos», anunció el oficial.
Ex bastión rebelde y feudo de la insurrección sunita en Irak, Ramadi es escenario de combates entre grupos cercanos a la red terrorista Al-Qaeda y las fuerzas estadounidenses y sus aliados tribales.
Pero estas últimas semanas, los enfrentamientos habían disminuido en intensidad y la mejora de la situación en Ramadi era una de las raras buenas noticias para Estados Unidos en Irak.
Los civiles iraquíes siguen pagando el precio más alto en el conflicto en Irak.
En Bagdad, cinco miembros de una misma familia murieron y dos resultaron heridos, entre ellos mujeres y niños, al estallar varios obuses de mortero en su domicilio en el barrio de mayoría chiíta de Bayaa. El mismo barrio fue blanco ayer de un atentado que costó la vida a 33 personas en un mercado.
Tres civiles murieron y cuatro fueron heridos en la explosión de una bomba al paso de una patrulla del ejército en Bab al Muadhem, al norte de Bagdad, mientras otra bomba que estalló al paso de vehículos estadounidenses mató a dos civiles e hirió a otros dos en Madain, al sureste de Bagdad.
Diez personas, incluidos tres hermanos y un policía, también murieron durante diferentes ataques por parte de hombres armados en la provincia de Diyala, al noreste de Bagdad, donde la violencia religiosa es particularmente feroz.
Los atentados tienen lugar tras una jornada negra para el ejército estadounidense, que perdió ocho de sus miembros el domingo, seis de ellos en un ataque con bomba al paso de su patrulla en la provincia de Diyala, al noreste de Bagdad.
Estas muertes elevan a 3.374 la cantidad de militares y personal asimilado estadounidense que han perecido en Irak desde la invasión de marzo de 2003, según un conteo con base en cifras del Pentágono.
La explosión de bombas artesanales al paso de patrullas constituye la primera causa de muerte de los soldados estadounidenses en Irak.
Un periodista europeo que seguía a la unidad estadounidense blanco del ataque también falleció.
El embajador ruso en Bagdad, Vladimir Chamov, reveló el lunes que se trata de Dimitri Chebotaiev, fotógrafo ruso independiente de 29 años que se encontraba en Irak trabajando para la versión rusa de la revista Newsweek.
La provincia de Diyala, donde viven chiítas, sunitas y kurdos, es escenario a diario de la violencia religiosa.
Los familiares de las víctimas denuncian la incompetencia de las fuerzas de policía y la ineficacia del gobierno, pese a que las fuerzas estadounidenses e iraquíes pusieron en marcha en febrero un nuevo plan de seguridad para la capital.
Unos 85 mil militares estadounidenses y policías y soldados iraquíes están desplegados en el marco de este plan destinado a luchar contra la violencia que dejó más de 16 mil muertos en Bagdad en 2006, según la ONU.
Este despliegue de fuerzas provocó un descenso en los atentados en masa en Bagdad, aunque la violencia continúa y se ha desplazado a las afueras de la capital.