Las divisiones multiétnicas en el Cáucaso, motivo de muchos conflictos sangrientos, han aflorado de nuevo con la corta guerra en la región separatista georgiana pro rusa de Osetia del Sur.
Los osetos pertenecen a uno de los aproximadamente 50 grupos étnicos del Cáucaso, cada uno de los cuales habla una lengua y defiende a capa y espada sus tierras ancestrales.
«El Cáucaso atraviesa complicaciones típicas de una región montañosa, donde las gentes de diferentes etnias viven aisladas las unas de las otras», explicó Alexander Cherkasov, experto regional para la organización defensora de los derechos humanos Memorial.
Existen similitudes con la increíble mezcla de etnias de Papuasia Nueva Guinea y el sistema clánico de las montañas de Escocia, señala el experto. Añádase la herencia de la corrupción post soviética, la violencia, el flujo de armas, y obtiene el Cáucaso.
Además de Osetia del Sur, se registraron conflictos sangrientos en Nagorno Karabaj (enclave armenio en Azerbaiyán), en la región georgiana separatista de Abjasia y en Chechenia, donde unas 100 mil personas habrían muerto en dos guerras entre los independentistas y Rusia.
Y eso que los habitantes del Cáucaso consiguen vivir en armonía. Muchos georgianos y osetas están unidos por matrimonio. En Abjasia, donde miles de personas perdieron la vida a comienzos de los años 1990, el líder separatista de la etnia abjasa se casó con una georgiana.
Varios analistas estiman que las discordias surgen cuando terceras personas, ajenas a estos territorios, remueven los problemas.
Los rusos fueron durante un tiempo los maestros en la materia, reforzando su preponderancia a base de poner a los grupos étnicos los unos en contra de los otros, afirma Serguei Arutunov, investigador en la Academia Rusa de las Ciencias.
«Cada uno de los imperios desde los romanos ha aplicado la máxima «dividir para reinar», recalca Arutunov. «Siempre ha funcionado así y así continuará», dijo.
En el siglo XIX, los zares se aliaron con los osetas, estratégicamente bien situados, para echar abajo los intentos del líder de la resistencia antirrusa, Imam Chamil, por unificar las tribus del Cáucaso del Norte.
La principal ciudad del Cáucaso, que controla dos montañas claves entre Georgia y Rusia, se llama Vladikavkaz, que significa literalmente «dirigente del Cáucaso».
Recientemente, el ex dictador soviético Joseph Stalin ha abusado del concepto «dividir para reinar mejor».
Dividió grupos étnicos en diferentes regiones administrativas y los obligó a instalarse en otros lugares para transformar el equilibrio étnico.
Los efectos de las exacciones cometidas por Stalin hace varias décadas siguen desgarrando el Cáucaso: lucha de los abjasos por su independencia o conflicto entre osetas y sus vecinos inguchos en el norte.
El redactor de la página web Nudo caucásico, Grigory Chvedov, afirma que el Kremlin sigue funcionando según el mismo principio de «dividir para reinar mejor», sin tomar en consideración los sufrimientos que engendra.
Pero acusa a algunos dirigentes, como el primer presidente de Georgia, Zviad Gamsajurdia, un ultranacionalista, de sembrar el odio entre los georgianos y sus vecinos osetas y abjasos, con consecuencias desastrosas.