Divididos e instrumentalizados


La ofensiva israelí­ contra Gaza mostró a los palestinos más divididos y más instrumentalizados que nunca por los diversos actores regionales.


Durante los 22 dí­as que ha durado la guerra de Gaza, los islamistas de Hamas han tenido públicamente el apoyo polí­tico de sus tradicionales aliados, Sirie e Irán, y de una gran cumbre en su favor de paí­ses árabes musulmanes el viernes en Doha.

Por su parte, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abas, jefe del movimiento rival Fatah que cuenta con el apoyo occidental, apareció completamente impotente.

Abas pidió en vano un alto el fuego bilateral en la franja de Gaza, de donde su partido fue derrocado por Hamas en 2007 tras 18 meses de caótica coexistencia de ambos grupos en el poder. Desde entonces no se ha dado ningún diálogo de reconciliación entre Fatah y Hamas.

«Más divididos que nunca, los árabes utilizan la fractura interna palestina para reforzar su posición en la región», explica Jalil Chahine, un analista polí­tico independiente de Cisjordania.

Esta dinámica se vio con claridad en la cumbre de Doha, a la que asistió el jefe en el exilio de Hamas, Jaled Mechaal, pero no Abas.

«A lo largo de la historia, la revolución palestina se ha enfrentado a diversas tentativas de los paí­ses árabes de controlar sus decisiones, y los palestinos se han dividido», explica Fahmi al Zaarir, portavoz de Fatah. «Pero nunca se habí­a llegado a pedir que una sola facción represente a todo el pueblo palestino, como ha pasado en Doha».

Las lí­neas de fractura ya eran visibles en la guerra del Lí­bano en 2006, cuando los paí­ses árabes apoyados por occidente, como Egipto y Arabia Saudí­, pedí­an la calma mientras que Irán y Siria apoyaban a Hamas y al Hezbolá libanés, y se oponí­an a Israel y a su aliado norteamericano.

Los jefes en el exilio de Hamas y de la Yihad islámica se han refugiado desde hace años en Damasco, desde donde han hecho declaraciones incendiarias mientras los combates devastaban la franja de Gaza.

Ayman Daraghmeh, diputado de Hamas, afirma que no se opone a una intervención exterior árabe si sirve para «asistir al pueblo palestino».

«Cada Estado tiene su propia agenda polí­tica e intenta controlar las decisiones palestinas», prosigue.

Para Abas, Hamas representa un obstáculo para alcanzar una solución negociada de dos Estados a la que la Organización de Liberación de Palestina (OLP) intenta llegar desde hace quince años.

Sin embargo para Hamas, las divisiones han fracturado la lucha armada contra Israel. Sus repetidas llamadas a la tercera Intifada en Cisjordania no han tenido efecto, y las fuerzas fieles a Abas han reprimido cualquier protesta pública.

Bassam al Salih, el jefe del Partido del Pueblo Palestino (ex comunista) que no ni aliado de Fatah ni de Hamas, considera que la fractura a largo plazo podrí­a ser todaví­a más peligrosa para los palestinos que la propia guerra de Gaza.

«Si prosigue la desintegración de (su) representación (polí­tica), el movimiento nacional palestino se enfrentará a una situación peor que la de Naqba en 1948», afirma, haciendo referencia a la expulsión de centenares de miles de palestinos para la creación del Estado de Israel.

«Aunque Hamas se equivoca en esta situación, el resultado será que Hamas se convertirá en una alternativa al OLP, y por consiguiente será la destrucción de una representación palestina unida», insiste.