Divergencia


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La contradicción esencial del capitalismo tiene lugar entre el carácter social de la producción y la forma privada capitalista de apropiarse de los productos del trabajo. El antagonismo sucede pues entre los que tienen trabajo asalariado y los capitalistas propietarios. Esa negación fue la que motivó las pasiones y los proyectos económicos durante todo el siglo XX, y hoy en el siglo XXI ese sistema ha sido llevado al límite.

Julio Donis


Las élites evolucionaron desde su condición de oligarcas y los campesinos a obreros. El capitalismo inundó de esa manera los rincones del planeta y se impuso como un sistema ideológico hegemonizante y global. El sustento filosófico para que el mercado se multiplicara en el planeta vendría con el sistema liberal de ideas, que dictaría autonomía económica sobre la base de las libertades del individuo y del Estado de Derecho; a la par también se desarrollaría y perfeccionaría el sistema de la democracia, como instrumento de legitimación social y política de aquel modelo. En este país para decirlo de un plumazo, el capitalismo nunca llegó para quedarse; ha tenido si, intermitencias en el transcurso de su historia y también proyectos fallidos de instalar las bases  económicas y políticas para una nación que genere las condiciones de aquella contradicción fundamental descrita líneas arriba. Lo que este país ha tenido es un proyecto premoderno donde hemos practicado y hasta la actualidad, la prepolítica. Las élites son oligarquías que han edificado su riqueza a costa de condiciones indignas, por lo que no ha sucedido plenamente aquel antagonismo entres asalariados y capitalistas, sino entre mal pagados subsistentes y oligarcas. Y los nuevos ricos no son más que versiones neoliberalizadas de sus abuelos y tatarabuelos con la pulsión de montar su propio monopolio a la mejor oportunidad. No se articuló pues un proyecto que asegurara la igualdad de condiciones sino la arbitrariedad de decisiones. En este escenario histórico, no ha habido izquierda ni derecha en el sentido de modernidad, y lo que se desarrolló está impregnado por las taras y limitaciones que se arraigaron a lo largo del tiempo. No hubo obreros en el sentido capitalista de la palabra porque la incipiente industria ha sido más agro, y de allí que también la agremiación sindical haya terminado fácilmente solidarizada. La conjugación de factores históricos que se ubican en la fundación colonial de estas tierras, hizo de éste un país periférico, dominado y repartido por grupos familiares de aspiración neocriolla. Más tarde los mega negocios familiares se pervertirían alimentados por las influencias de la globalización del consumo y por la proliferación de otros grupos sin familia que también harían florecer sus emporios ilícitos, a la sombra de un Estado débil y de doble moral.  Allá donde hubo desarrollo capitalista, se gestaron las condiciones históricas para el desarrollo del pensamiento comunista. Las próximas elecciones de Chile por ejemplo, contarán con una probable alianza del partido socialista de la Concertación y el comunista para competir contra el partido Renovación Nacional oficialista. Aquí la Fundación contra el terrorismo denuncia como “amenaza comunista” a campesinos y líderes sociales que demandan respeto a sus derechos fundamentales, una garantía por cierto del ideario liberal. Pregunto entonces, ¿a quién le conviene esta disonancia histórica basada en un ideario medieval que impide salir del atasco? Lo que se gesta y se profundiza es una divergencia política cada vez mayor que solo permite pactos coyunturales entre grupos oligarcas, ilícitos y mafias.