Divagaciones acerca de diarios y presidentes


Q- Con riesgo de que el propio Presidente del Consejo Editorial de La Hora haga un gesto de desagrado, pero conociendo la amplitud de criterio de Oscar Clemente no creo que se disguste, aunque editores y trabajadores del periodismo de otros diarios puedan levantar olas por mi irreverencia y falta de solemnidad al compartir el siguiente texto cibernético.

Eduardo Villatoro

No importa que el correo electrónico sea tan rápido ni que funcionen decenas de canales de televisión por cable, ni que existan cientos de estaciones en la radio, los diarios constituyen una herramienta indispensable y de gran utilidad para la mayorí­a de las personas. ¿O acaso usted ha intentado matar una mosca con un teclado, o castigar al chucho que no deja de ladrar con un pantallazo de televisión en el hocico?

Porque el periódico será siempre el mejor aliado en todos los momentos de la vida, y en lo que se refiere a usos domésticos, sirve para madurar aguacates, recoger basura, hacer brillar los vidrios, envolver los adornos del árbol o del nacimiento de Navidad, alinear las patas de la mesa coja, empacar la vajilla, tapizar la jaula del loro.

También se utiliza a menudo para recoger el popó del gato, cubrir los muebles y el piso antes de pintar la casa, evitar que se meta el agua de lluvia debajo de la puerta, y ante una imprevista crisis intestinal y a falta del implemento adecuado, se usa como papel higiénico.

En lo que atañe a los usos educativos, es útil para castigar al perro en la mera jeta cuando se orina en el interior de la casa; se recortan letras y fotografí­as para que los niños realicen sus tareas escolares o construir carretas, elaborar tí­teres y hacer barcos de papel.

No debe despreciarse la utilidad del periódico para otras actividades, puesto que sirve para ensanchar zapatos; rellenar los bolsos a fin de que conserven su forma; envolver la carne; empacar clavos en la ferreterí­a; hacer sombreros de pintor; dar trabajo a voceadores y periodistas; envolver flores; cortar moldes de modistas y sastres; envolver cuadros, y no se diga los múltiples usos que le dan vendedoras del mercado.

En actividades festivas, los diarios sirven para prender el fuego y avivar las llamas donde se asará la carne; rellenar los regalos de sorpresa; aunque también los utilizan los extorsionistas para cortar letras que conforman frases en mensajes que enví­an a sus ví­ctimas; hacer bolitas y pegarles a los compañeros de clase; sirve como paraguas para que el agua de lluvia no arruine el peinado de las damas o moje el cuero cabelludo de los calvos; para que los tipos malos en las pelí­culas escondan el revólver o los detectives oculten sus rostros en el vestí­bulo del hotel donde se espí­an a sus presas.

¡Ah!?y también para enterarse de las noticias y leer opiniones de analistas sin petate para caer muerto, como Renhé Leyba Allaú.

Q- .Para que su fin de semana no sea tan tedioso e investigue la veracidad histórica de lo que le compartiré, lea un curioso correo electrónico que se refiere a ciertos hechos que cobran relevancia en la vida y muerte de dos presidentes norteamericanos, aunque quizá más de alguno de mis contados lectores ya se han enterado de estas comparaciones.

Se trata de Abraham Lincoln y John F. Kennedy. El primero fue elegido miembro del Congreso de Estados Unidos en 1848; y el segundo lo fue en 1946. Lincoln fue elegido Presidente de los USA en 1860, y a Kennedy lo eligieron en 1960. Ambos enarbolaron la bandera de los derechos civiles y las esposas de los dos perdieron hijos cuando aún no estaban en la Casa Blanca. Los dos mandatarios fueron asesinados un dí­a viernes y a ambos les dispararon en la cabeza.

La secretaria de Lincoln era de apellido Kennedy, y la del presidente Kennedy, de apellido Lincoln. Ambos fueron asesinados por norteamericanos del sur de ese paí­s y los dos fueron reemplazados por sus vicepresidentes que llevaban el apellido Jonson. En tanto que Andrew Johnson, sucesor de Abraham Lincoln, nació en 1808; el de John F. Kennedy, Lyndon Johnson vino al mundo en 1908.

El asesino de Lincoln, un hombre llamado John Wilkes Botth, nació en 1839, y el que le dio muerte a Kennedy, Lee Harvey Oswald, vio la luz del mundo en 1939. A Lincoln le dispararon en el teatro Ford, y Kennedy viajaba en un automóvil Lincoln al morir. Booth y Oswald fueron asesinados antes de ser juzgados, y finalmente, una semana antes de su muerte Lincoln estuvo en Monroe, una población de Maryland, mientras que una semana antes de su muerte Kennedy estuvo en compañí­a de la bella y sexy actriz Marilyn Monroe, ignorándose en qué se entretení­an.

No sé qué desocupado hizo todas estas averiguaciones.