Un arbitraje internacional entre la petrolera estadounidense ExxonMobil y la estatal venezolana PDVSA podría conducir a un nuevo conflicto bilateral, tras la amenaza de Caracas de cortar los suministros a Estados Unidos, aunque analistas de la industria descartan una crisis inminente.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez reaccionó así a las decisiones tomadas a finales de enero en tribunales de Gran Bretaña y Holanda con la intención de congelar 12 mil millones de dólares en activos de la estatal venezolana en esas jurisdicciones, incluyendo las Antillas Holandesas, que el gobierno descarta.
«Como se creen dueños del mundo, un tribunal ordena que le congelen (activos) a Venezuela (…). Está bien, si nos llegan de verdad a congelar y nos hacen daño, nosotros les vamos a hacer daño, no les vamos a mandar petróleo a EEUU», advirtió el mandatario en su programa dominical.
Chávez advirtió a Estados Unidos que «si la guerra económica continúa contra Venezuela, el precio del petróleo va a llegar a 200 dólares y Venezuela se meterá en la guerra económica».
Los precios del petróleo se acercaban a los 94 dólares hoy en Nueva York y Londres, luego de la amenaza de Chávez.
Mike Wittner, analista de la firma Societe General, dijo en Londres que «esto es un apoyo sustancial para los precios, pero es más una amenaza retórica que otra cosa, porque Estados Unidos es un cliente importante para su petróleo y Venezuela difícilmente pueda diversificar su clientela a mediano plazo».
«El mercado está claramente inquieto de la reacción de Venezuela y de lo que implicará para la oferta» de oro negro, dijeron por su parte analistas de BMO Capital Markets.
Por su parte el ministro de Energía venezolano, Rafael Ramírez, desestimó el efecto de las órdenes judiciales contra PDVSA y anunció apelaciones, aunque confirmó la congelación de cuentas bancarias en Nueva York por 300 millones de dólares.
«Los alcances de esta medida contra nuestra industria petrolera son nulos en sus efectos sobre nuestras finanzas o en sus efectos sobre nuestras operaciones», dijo Ramírez el viernes.
Sara Moya Machado, asesora de PDVSA, dijo hoy a la estatal VTV, que «detrás (de ExxonMobil) hay un gobierno, el gobierno de los Estados Unidos porque necesita garantizar el suministro de hidrocarburos que cada día se le hace más difícil (…) porque muchos países productores le están cambiando las reglas del juego».
El venezolano Alvaro Silva Calderón, ex secretario general de la OPEP, dijo que «es posible que la acción rebote a quienes quieren utilizarlo como mecanismos de presión y hostigamiento para que Venezuela se siente a negociar pretensiones desmedidas».
Alberto Quiroz Corradi, analista petrolero, desestimó la declaración de Chávez: «no veo la menor posibilidad de que este gobierno ordene una suspensión de los suministros a Estados Unidos (…) El impacto sería mayor para Venezuela».
«El gobierno debería tranquilizar a los mercados. Es absurdo que en repuesta a una noticia que circula en términos vagos y difusos se incremente la incertidumbre», dijo Quirós Corradi, un crítico del gobierno y ex director de un filial de PDVSA en los años 90.
El general Guaicaipuro Lameda, ex presidente de PDVSA al incio del gobierno de Chávez dijo que «a futuro esto será negativo para Venezuela porque cualquier cliente que sustituya a Estados Unidos va a estar a una distancia mayor y Venezuela tendrá que pagar el costo del transporte».
Venezuela, el mayor productor latinoamericano, vendió en 2006 a Estados Unidos alrededor un millón de barriles diarios de petróleo, ubicado en el cuarto lugar de ventas a ese país.
Venezuela obtiene de la producción petrolera cerca de 25% de su Producto Interno Bruto (PIB), nueve de cada diez dólares provienen de la industria petrolera y alrededor de la mitad de su presupuesto proviene de PDVSA.
El gobierno afirma que produce 3,3 millones de barriles diarios mientras que la OPEP registra 2,4 millones.