Dispuestos a dar «batalla» en cumbre


Los paí­ses del ALBA llegaron a la cumbre sobre el clima de Cancún decididos a no permitir que las naciones ricas hagan y deshagan a su antojo, después de haberse negado hace un año a adoptar el acuerdo no vinculante negociado por un puñado de jefes de Estado en Copenhague.


«Vamos a dar batalla para salvar la vida, haciendo respetar el Protocolo de Kioto», dijo hace unos dí­as el presidente boliviano, Evo Morales, que debí­a llegar el jueves a Cancún, sureste de México.

Morales, de la etnia aymara, pretende enarbolar en Cancún las conclusiones de una cita alternativa de pueblos indí­genas y movimientos sociales organizada en abril en Cochamba (Bolivia) para pedir al mundo que defienda los derechos de la Madre Tierra en su lucha contra el calentamiento global.

Desde el inicio de la conferencia de Cancún, los participantes de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA, integrada por Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y otras tres islas del Caribe) reiteraron su temor a que los paí­ses ricos forjen un acuerdo en reuniones restringidas y quieran después imponerlo a los demás mediante incentivos financieros.

El embajador boliviano ante la ONU, Pablo Solón, denunció así­ que Estados Unidos retiró a Ecuador y Bolivia tres millones de dólares de financiamiento climático el pasado abril como resultado de su negativa a firmar el Acuerdo de Copenhague.

«Esto confirma lo que siempre hemos dicho (…) Eso no es una negociación climática, es una imposición. A nosotros no nos pueden comprar», dijo Solón.

«La posiciones de nuestros paí­ses no se venden, no hay dinero en el planeta que compre una decisión por parte de los paí­ses del ALBA que pueda significar la muerte de ningún ser humano sobre este planeta», coincidió la delegada de Venezuela, Claudia Salerno.

Denunciando un «golpe de Estado a la Carta de Naciones Unidas», los representantes de Bolivia, Cuba y Venezuela fueron protagonistas de una tragedia diplomática en la interminable última noche de Copenhague, que amenazó con dar al traste con el acuerdo negociado por un grupo de jefes de Estado.

La negativa del ALBA a adoptar dicho documento molestó a paí­ses europeos como España y Gran Bretaña que expresaron públicamente su desazón.

Ahora, algunos consideran que las naciones del eje bolivariano pueden estar atrincheradas en posiciones intransigentes que impidan el progreso de la negociación.

«Bolivia está manteniendo unas posiciones muy distantes a las del resto de los actores, lo que hace difí­cil poder construir consenso», consideró la secretaria de Estado española de Cambio Climático, Teresa Ribera.

«Serí­a muy triste que una cumbre que se celebra en América Latina encuentre en paí­ses de América Latina el obstáculo para el éxito», agregó.

En opinión de un ecologista estadounidense, los paí­ses del eje bolivariano se sirven del sistema de Naciones Unidas, en el que todas las naciones, grandes y pequeñas, tienen igual voz y voto, para intentar imponer su visión.

Sin embargo, Salerno aseguró que los paí­ses del ALBA quieren trabajar con los paí­ses ricos «para buscar un consenso».

Aunque «es importante que ningún paí­s desarrollado confunda la constructividad y la buena voluntad que ha manifestado el ALBA durante esta semana con estupidez; nosotros no somos paí­ses estúpidos», recalcó.

La ministra de Medio Ambiente de Brasil, gran aliado del eje bolivariano, reconoció que sus posiciones nos son tan inflexibles como algunos quieren creer.

«Quieren negociar, quieren sentarse a la mesa y hacer el trabajo necesario para obtener un resultado», aseguró la ministra Izabella Teixeira tras una reunión con ellos que calificó de «muy positiva».

«Es muy importante mantener un diálogo abierto y el grupo del ALBA es parte de este proceso», afirmó la funcionaria brasileña, quien insistió también en la necesidad de que la negociación se lleve a cabo de forma inclusiva.

Pese a las dificultades, los paí­ses del ALBA aseguraron que no se irí­an de las conversaciones. «Nunca nos cerraremos a ningún tipo de negociación», aseguró Solón.