Discriminación/Unterscheidung (Segunda parte)


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Así que ahora, que no vivo exactamente la otra cara de la moneda, es decir, ser yo la víctima de desaprobación, pero que observo con más detenimiento, empiezo a comprender algo de lo que siempre hablé, algo que es normal en mi país, aunque, tal y como lo decía en la columna anterior, nos viene del norte a muchos y a otros más.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


Lo cierto del caso es que ser nativo de un país con menos recursos, con violencia y menos desarrollo y vivir en el extranjero será siempre motivo de miradas, de burlas y otras acciones más fuertes aunque solapadas por miedo a las leyes, que a diferencia de otros países, existen y castigan.

Hace unos días, el chofer de un bus cerró la puerta del mismo, cuando una mulata y sus hijos, uno de ellos en un carruaje, pretendían subir. La cosa no paró ahí, porque ella presionó el botón para abrir de nuevo la puerta, la cual él cerró de nuevo. La acción se repitió cinco veces.

Ninguno de los pasajeros dijo nada y ella no tuvo otra que rendirse y esperar otro bus.  Eso quizá no sorprenda a quien me lee; insisto, en Guatemala ocurre siempre. Pero estando acá, a mí me provoca mucha rabia, ya que es posible castigar este tipo de acciones. Lamentablemente, la mujer decidió olvidar el asunto y rumiar su rabia sola.

En otros espacios destinados a la educación o la integración como le llaman acá, esto es de lo más común. Las maestras aprovechan ese pequeño poder que les concede estar parada frente a un grupo de personas que desconocen el idioma y la cultura de este país para reírse de sus creencias religiosas, del manto que cubre a muchas mujeres de Oriente y de los sueños de otros.

Lo más triste es que muchas de esa personas que se burlan y lastiman a los recién llegados son migrantes que ya tienen mucho tiempo de estar acá. Al parecer, con su actitud pasan factura por los agravios recibidos.
Porque al final aquí, como allá, la gente calla por miedo, aguanta y luego…ya se sabe.