Discriminación/Unterscheidung (Primera parte)


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No me lo dijeron, lo he visto y escuchado. No exagero, ni hablo por resentimiento, yo no soy (o al menos no tanto), objeto de esas acciones. Me molesta, me exaspera y me deprime, además, porque soy una espectadora nada más, alguien que está ahí, aunque acá uno a veces parece no estar, y que no dice nada, no hace nada y peor aún –y lo digo con muchísima vergüenza– me reconozco en ellos cuando consciente o inconscientemente, más lo segundo que lo primero, pienso igual que estas personas.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es


No es fácil integrarse a una sociedad totalmente distinta, por las costumbres, las actitudes, el idioma, la forma de ejercer su ciudadanía (eso no lo hacemos ¿verdad?) y por el sistema social y político en el que viven.  No es sencillo para mí, que vivo actualmente un par de años sabáticos dedicados a la observación, la recreación, la lectura y el aprendizaje de un nuevo idioma, a diferencia de la mayoría de extranjeros que vienen acá en busca de un sueño en el que la tranquilidad, el bienestar y la libertad son su objetivo.

No es simple, como muchos creen, a pesar de que soy, además de guatemalteca, ciudadana alemana y tengo derechos que los que vienen por otras razones desconocen y no poseen.

Me cuesta, a pesar de tener un año acá, comprender ese humor alemán que como la comida local me parece desabrido e inapetente.

Pero lo que más me agobia y por ende hace menos cómodo para mí vivir acá, es ver cada día gestos de asco cuando un hombre hindú sube al tren, caras de desaprobación cuando una mujer con burka entra en un almacén o peor aún, que sean siempre ellas y sólo ellas (algunas latinas también) objeto de revisión en el supermercado por ejemplo, disimulado-evidente, pero teledirigido.

También he oído comentarios groseros hacia estas personas, es más, yo he tenido pensamientos llenos de terror al estar sola con árabes en el mismo vagón de tren, el terrorismo ataca mi cabeza y desemboca en vergüenza por ser también pensamientos racistas, llenos de prejuicios similares a los que critico en este artículo.

La discriminación, palabra que atemoriza a todos en este país, palpita en todas partes y excluye, marca, atormenta y estereotipa a las personas. Todo lo contrario a lo que pensé al venir acá, es decir, vivir una experiencia multicultural de gran magnitud, sin reservas, sin segregación e intolerancia, cosas que en Guatemala se viven diariamente o mejor dicho las viven otros y que para muchos pasan inadvertidas, no nos preocupan ni lastiman.