Discrepancias sobre el golpe de Estado


Cotidianamente mantengo comunicación ví­a correo electrónico con decenas de personas, entre guatemaltecos y extranjeros que viven en el paí­s o en naciones tan cercanas como México y Nicaragua, por ejemplo, o lejanas como Suecia y Finlandia. Muchos de mis contactos cibernéticos son compatriotas que optaron por quedarse a residir lejos de la patria después de haberse obligado a huir de la represión y persecución de gobiernos militares, o en búsqueda de mejores condiciones económicas, laborales y académicas.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

   Como es fácil de comprender, en algunas oportunidades estos amigos y amigas que viven en Guatemala o en el extranjero coinciden con mis puntos de vista sobre determinado tema; pero siempre hay algunos que los objetan, de manera que estoy consciente de que todos ellos, además de los contados lectores de mi columna, jamás van a estar totalmente de acuerdo con mis opiniones sobre todos los tópicos que abordo, lo que es válido y legí­timo entre personas maduras.

   Los recientes acontecimientos ocurridos en Honduras y sus repercusiones en Guatemala y en otros paí­ses han exacerbado las posiciones ideológicas de mis corresponsales cibernéticos y de los lectores de la columna, como el caso de una persona que cuando condené enérgicamente el golpe de Estado, me recriminó «por faltarle el respeto a los militares» (sic) al haberlos calificado de gorilas.

   Conforme han transcurrido los dí­as y devenido las consecuencias de la expulsión del presidente Manuel Zelaya, he recibido numerosas y variedad de correos electrónicos, unos deplorando la interrupción del proceso institucional en el vecino paí­s, y otros elogiando a los golpistas y criticando severamente a los seguidores del depuesto gobernante.

   Mi compatriota José Domingo, v.gr., quien reside en California, no tiene empacho de calificarse de derechista, de modo que apoya a los golpistas,  pero reprueba la forma como la soldadesca expulsó a Zelaya de Honduras, mientras que Mayra, quien reside en esta capital, me enví­a mensajes de repudio al mandatario depuesto y de elogios a los militares hondureños. Mi amigo Alfredo, que vive en Canadá, se opone rotundamente al usurpador Micheletti, en tanto que Luis, salvadoreño de Santa Ana, lo respalda.

   Por mi parte, mantengo mi repudio a los militares y polí­ticos golpistas hondureños, pero respeto la opinión de mis lectores y contactos que discrepan conmigo, ejerciendo el derecho a disentir que nos permite un sistema democrático deficiente, pero tolerante, lo que ahora no ocurre en Honduras.

   (El activista de izquierda Romualdo Tishudo cita un refrán de la sabidurí­a popular: -Nunca des explicaciones, porque tus amigos no las necesitan y tus enemigos no te creerán).