Es interesante escuchar a diferentes grupos demandar el diálogo con altos personajes del gobierno y a la vez fijar su postura de rechazo a la “materia” sujeto del diálogo y la amenaza de si no hacen lo que el grupo quiere, habrá más manifestaciones y medidas de hecho hasta que el otro lado ceda. Es de una sola vía.
Sé que para que dos grupos dialoguen hay que establecer primero los puntos de acuerdo sobre el tema y de allí analizar y evaluar los puntos en que no se está de acuerdo. Las dos categorías, ANALIZAR y EVALUAR, de la jerarquía de pensamiento, son considerados dos de las más altas y lo que queremos que los estudiantes aprendan a usar antes de graduarse. Me extraña que la enseñanza del uso de ellas como una estrategia de diálogo, no sea prioridad en las diferentes situaciones dificultosas.
En la red de comunicación con maestros y directores educativos en el área rural, ha surgido la inquietud sobre el tema de la disciplina en el ambiente escolar.
El triángulo social, familia, escuela y sociedad tienen hoy día que ser comparados con la época del siglo pasado. No intento entrar en detalles sobre las diferencias en relación a la disciplina porque es obvio que las hay. La disciplina en cualquier época es necesaria para todos los aspectos de la vida. Específicamente cuando hay que trabajar con “masas” (clases numerosas) en la escuela.
La disciplina nunca es cosa separada o aislada del contexto de una interrelación entre seres humanos. Ergo, la aplicación adecuada depende de nosotros mismos. Las reglas, sean las que sean, tienen que tener un sentido que conteste la pregunta ¿por qué? En el siglo pasado no se atendía esa pregunta; sin embargo, uno de los cambios en la sociedad actual, es que se cuestionan reglas. Desafortunadamente el sistema escolar no ha cambiado en ese sentido. Cuando no se cumplen unas reglas, se ponen más, lo que resulta en castigos por ese incumplimiento.
La disciplina en la escuela es camino de doble vía, maestros/alumnos. Involucra los conceptos concretos de confianza, miedo, aburrimiento, planificación y contenido.
El maestro necesita tiempo para hacer una planificación de clase que tome en cuenta una serie de “formas”, no tan nuevas, que deben incluirse en dicha planificación. Si no tiene el tiempo necesario para esa, siempre hay diferentes razones, entonces el reflejo de esa falta, se verá en el aula. ¿Por qué digo eso? Pregunto: ¿Cuáles son las habilidades más importantes a enseñar a los alumnos para funcionar bien en el siglo XXI? Respondo: 1. Pensamiento crítico. 2. Poder resolver problemas. 3. Pensamiento creativo. 4. Innovación. 5. Poder de la comunicación y el de escuchar a todas las personas. 6. Entender qué es y cómo colaborar con otros. Es trabajo de equipo. La meditación de esos seis puntos nos dirige a tener que usar nuevas formas de llevar la clase.
Además, la planificación del contenido de las materias tiene que ser: 1. Interesante. 2. Relevante. 3. Pertinente. 4. Significante. 5. Constante. De nuevo, el ahondar en el significado de cada inciso, nos lleva a buscar nuevas formas de presentar las cosas y como realizarlas en el aula con los alumnos. Nos dice que la participación activa de los alumnos es indispensable. Mantenerlos ocupados en un aprendizaje productivo.
Sabemos que a los jóvenes los motiva lo novedoso. Sabemos que quieren trabajar temas que son importantes en su vida y en la realidad en que viven.
La estrategia de integrar (“cross curriculum) las materias, presenta un nuevo reto para trabajar en grupo con metas bien establecidas.
Además de la novedad, a los niños y a los jóvenes les gusta moverse y no estar únicamente sentados ante un escritorio. Entonces, manteniendo una meta bien entendida, puede usarse la técnica de dinámica de grupos para abordar múltiples temas académicos además de los que involucran lo personal, incluyendo el “control de la actuación” o sea la disciplina de cada quien.
¡Meditemos!