Diputados desdeñan humorada presidencial


Eduardo_Villatoro

No hay día en que, por lo menos, en cualquier medio impreso no se publique alguna información relacionada con la perversa actuación de la mayoría de los diputados, aunque para escozor de varios de mis contados lectores, insista en que no es la totalidad de los parlamentarios la que incurre en conductas deplorables, aunque son poquísimos los que guardan cierta compostura, que se cuentan con los dedos de la mano.

Eduardo Villatoro


A causa del trabajo que desempeño y por mi natural inclinación a estar informado de lo más relevante de lo que sucede en Guatemala y el resto de América Latina y el mundo, leo cotidianamente los diarios matutinos y, por supuesto, el vespertino La Hora, y de ahí que me entero de tanta inmundicia que ha inundado el recinto legislativo.
 Abundan los ejemplos de congresistas que frecuentemente se mudan de un partido a otro, y no precisamente porque de repente una extraordinaria beatífica luz haya iluminado sus vírgenes cerebros señalándoles el camino ideológico correcto, comenzando en que no existe diferencia alguna en las plataformas doctrinarias (si se me acepta abusar con semejante aberración intelectiva) entre esas organizaciones electoreras, toda vez que, con excepción de una o dos “bancadas” que integran tres congresistas a lo sumo, todos esos colectivos responden a una misma orientación derechista y similar corriente mercantil que los une en contubernio para obtener ilícitas ventajas personales.

Cabalmente ese afán de enriquecerse de inmediato, en lo que atañe a los diputados de primera hornada, y a pausas, en lo que concierne a parlamentarios de veteranos hábitos y costumbres que se envuelven en la sombra de la exagerada codicia, es el motor que determina el putrefacto rumbo de sus no menos disolutas aspiraciones, dicho sea sin ánimo de menospreciar este último concepto.
La semana anterior, La Hora publicó un detallado reportaje acerca de todas las iniciativas de ley encaminadas a frenar la corrupción y a transparentar los negocios del Estado, que el presidente Otto Pérez Molina presentó al Congreso hace justamente un año, sin que los ilustres padres de la patria hayan tomado en serio la humorada del mandatario, a sabiendas de que el Partido Patriota y sus espurios aliados cuentan con la mayoría necesaria para aprobar los proyectos del Organismo Ejecutivo, cuyas instituciones, por su parte, también contribuyen a enrarecer aún más los sombrías escenarios en los que se mueven sus financistas para ocultar la corrupción imperante.

En este marco de inmoralidad administrativa se mueven las piezas del crimen organizado y la delincuencia en general, por más que el gobernante pretenda mostrar avances en esta área de la conflictividad nacional, por la incapacidad de enfrentar a los autores de asesinatos, homicidios, asaltos, robos, secuestros y otra clase de hechos ilícitos, aunado a la lenidad de muchos jueces en la imposición de sentencias condenatorias a los malhechores capturados y consignados.

(El ujier Romualdo Tishudo, asistente de un diputado del PP, le repregunta: -¿Qué hará hoy? –Nada, responde. -¿Y no fue eso precisamente lo que me dijo ayer? -Sí, pero no terminé).