El presidente John F. Kennedy consagró, en su primer discurso, el concepto «Â¿no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país?». Este bello pensamiento recorrió el mundo y se nos grabó a muchos como la obligación que toda persona de buena fe, especialmente los que aspiran o tienen un cargo público, deben de hacer y responder.
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Como lo evidencian las diferentes encuestas que recientemente se han publicado, el Organismo Legislativo, sus diputados resultan con una de las más bajas credibilidades dentro del sistema político democrático del país.
Numerosas han sido las opiniones que se han vertido en relación a la eficiencia o ineficiencia, al valor y contenido de las sesiones plenarias, del trabajo en comisiones y de los dictámenes que durante la presente legislatura se han producido.
Acepto que la mayoría de bancadas han sido permeables o tolerantes con el Ejecutivo, algunas de ellas como una forma política de salvaguardarse y salvaguardar a parte de su dirigencia, hecho comprensible pero no justificable.
Teniendo una vivencia y un conocimiento personal más profundo de lo normal, es mi obligación señalar que el trabajo legislativo no es simple, ni fácil.
El Congreso se encuentra bajo la observación permanente de la mayoría de medios de comunicación social que tienen cronistas parlamentarios asistiendo día a día a las sesiones plenarias, tienen el contacto con las comisiones, sus miembros, las bancadas y con la mayoría de diputados.
La opinión pública se distorsiona, los diputados se afectan porque actualmente los cronistas parlamentarios no tienen todos la misma experiencia, la misma capacidad, la garra y habilidad que en el pasado, muchos se están iniciando a lo que se agrega que hay redacciones que limitan, dan directrices específicas lo que también marca o restringe su capacidad objetiva y analítica al informar.
Actualmente las sesiones plenarias se transmiten vía internet, en directo; por ello, y a las relaciones personales que mantengo con diputados de diferentes bancadas, estimo estar mejor informado sobre el actuar Legislativo que la mayoría de los ciudadanos.
Al Congreso se le critica equivocadamente porque la mayoría de las iniciativas de ley que conoce provienen del Ejecutivo, en todos los países democráticos es normal que la mayoría de propuestas de leyes o reformas provengan, no de los diputados, sino del Presidente.
Critican que los diputados respondan, se preocupen por el distrito electoral de donde provienen, olvidándose que son representantes del pueblo, de quienes los eligieron en su distrito y por ello son gestores de la solución de las necesidades de donde provienen y a quienes representan.
A nivel nacional la actual legislatura ha sido menos eficiente que las tres anteriores, hecho que se refleja en un Congreso que ha ejercido menos su control y fiscalización en las acciones de gobierno y ha aprobado presupuestos y partidas censurables.
El actual Congreso, especialmente los jefes de bancada que dirigen y preacuerdan las agendas, tienen que reivindicarse políticamente a nivel nacional, con valor a reconocer que el Estado está debilitado, casi fallido; por tanto, deben convocar de inmediato al poder constituyente para que en la primera vuelta se elija y de inicio la recomposición del pacto social. Es lo mejor que pueden hacer por Guatemala.
Continuará.