Dios lo bendiga Papa Francisco


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El Papa Francisco ha brotado súbitamente en la vida de los fieles católicos que anhelan honestidad, lealtad y nobleza. Como un arcángel conocedor del alma humana, su admirable personalidad se define por su espontaneidad y sencillez, pero especialmente por su fortaleza y actitud positiva colmada de carisma y vivacidad. El Papa Francisco posee una prodigiosa relación con Dios, ha sido nombrado su mensajero y profeta para reformar y revitalizar a la Iglesia Católica.

Grecia Aguilera


Habiendo seleccionado “Francisco” como nombre religioso, en honor a San Francisco de Asís, se hace realidad en ‘Jorge Mario Bergoglio’, su nombre secular, el título de “Siervo de los siervos de Dios”. Nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, es el Papa número 266 y actual Jefe de Estado del Vaticano desde el 13 de marzo de 2013. Realizó estudios de Química, Humanidades, Filosofía y Teología. Es el primer Papa latinoamericano, el primer Pontífice jesuita y el primero en ser llamado ‘Francisco’. En su hermoso escudo papal -que ostenta el símbolo de los jesuitas, la estrella dorada que simboliza a la Virgen María y el ramo de nardos que representa a San José- se lee el lema “Lo miró con misericordia y lo eligió”, sentencia que lo identifica por su humildad y preocupación por los necesitados, su trabajo por la justicia social y su compromiso por continuar el diálogo entre los diferentes credos del mundo. Dentro de los literatos que lee resaltan Fiódor Dostoievski y Jorge Luis Borges, autores que reflejan en sus obras la conducta de los seres humanos. Con la decisión de residir en la “Casa de Santa Marta” y no en el Palacio Apostólico del Vaticano, residencia papal de sus antecesores desde 1903, el Papa Francisco confirma en su corazón la oración atribuida a San Francisco de Asís que implora: “Señor/ házme un instrumento de Tu Paz./ Donde exista odio/ lleve yo amor./ Donde haya ofensa/ lleve el perdón./ Donde haya discordia/ lleve la unión./ Donde haya duda/ lleve yo la Fe./ Donde haya error/ lleve la Verdad.” Su llegada a Río de Janeiro, Brasil, el lunes 22 de julio de 2013 y posterior estadía, es comparable al suceso de las Bodas de Caná. Es como un milagro, aquel que se espera con ansias y llega en el día, la hora y el momento preciso. El recibimiento fue grandioso y la participación de la juventud, torrencial. En el inicio de su alocución, el Papa Francisco dijo una frase que contiene un profundo significado: “No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso, Jesucristo” y se dirigió a las y los jóvenes expresándoles con afecto que son “el ventanal por donde entra el futuro en el mundo”. Su primera Encíclica titulada en latín “Lumen Fidei” (La Luz de la Fe) fue firmada el 29 de junio de 2013 y pone de manifiesto que la fe es la luz que ilumina el camino de los seres humanos y convierte la incertidumbre en la convicción íntima de la existencia de Dios. La Santa Carta Pastoral expone como gran ejemplo de fe al Patriarca Abraham. Su fe quedó comprobada cuando por orden divina dispuso sacrificar a su hijo Isaac, pero Dios al verificar su fidelidad hizo bajar a un ángel que colocó un carnero en lugar del niño. Abraham escuchó la Voz Suprema anunciándole que su descendencia se multiplicaría como las estrellas del cielo y como las partículas de arena en los límites del mar. La Encíclica afirma que la fe debe transmitirse con el fin de ayudar a construir sociedades en busca del bien común y explica que “La fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro ‘yo’ aislado, hacia la más amplia comunión. Nos damos cuenta, por tanto, de que la fe no habita en la oscuridad, sino que es luz en nuestras tinieblas.” Desde Guatemala ¡Dios lo bendiga Papa Francisco! Que le sea otorgada la sabiduría perpetua.