Edelberto Torres-Rivas sorprende y entristece al referirse al tema titulando: “Belice no es nuestro” y adiciona “¿Y entonces de quién es?, muy sencillo, de los beliceños”. Su planteamiento no es el que se esperaría de un abogado guatemalteco y menos aún de un sociólogo que pertenece a la generación de la Revolución de Octubre, revolución que como se puede comprobar en la Constitución de Guatemala de 1945 declaró “Belice es parte del territorio guatemalteco”, hecho que provocó la protesta británica.
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Es más, en 1946, por iniciativa del Ejecutivo, el Congreso de la República emitió el Decreto 224 en el que reafirmó la caducidad de la convención de 1859 por incumplimiento de la Gran Bretaña y que como consecuencia procedía la “Restitutio in integrum del territorio de Belice a Guatemala”.
Los planteamientos que hace Torres-Rivas son contradictorios por cuanto si bien existió en 1856 un acuerdo firmado por Pedro de Aycinena, canciller guatemalteco, y por Charles Lenox funcionario menor de la Cancillería inglesa, el incumplimiento de lo acordado es nulo por lo que se indica. Un abogado y sociólogo de la formación académica de Torres-Rivas no puede ignorarlo. Tampoco es correcto el respaldo que él le da al establecimiento de relaciones con Belice de Jorge Serrano, que no tenía la facultad constitucional para hacer lo que hizo. Adicionalmente, el reconocimiento internacional de Belice no conlleva una renuncia legal al diferendo territorial, insular y marítimo con Guatemala.
Argumentar que Belice tiene el puesto 93 y Guatemala el 131 en el Índice de Desarrollo Humano tampoco es válido, igual es decir que Belice no ha pagado ni siquiera los intereses sobre su deuda externa y que Guatemala tiene mucho mayor desarrollo económico e industrial que el que algún día Belice como país logrará. “La amistad, la integración y la ayuda mutua” no deben despreciarse, tampoco justifican opiniones equivocadas o renuncia a nuestros legítimos derechos de mantener el diferendo territorial, insular y marítimo. Adicionalmente, hay que tener cuidado, ante todo por un académico como sin duda alguna lo es Edelberto Torres-Rivas, cuando se citan hechos, fechas y se cometen errores.
Gonzalo Asturias Montenegro tituló “Sin pies ni cabeza”, agregó “Los referendos sobre Belice son un feto”, indicando “conviene que en el referendo en nuestro país gane el sí porque podremos resolver nuestra salida al mar”. Es evidente que por su formación académica, Gonzalo no está tomando en cuenta las normas que contiene la codificación del derecho del mar contempladas en la Convención de Naciones Unidas de 1982 y la reserva que al aprobarlas Guatemala hizo en el artículo primero, relacionadas a la bahía de Amatique, que por ser un área cerrada o semicerrada debe ser acordada, según proceda, por Guatemala, Belice y Honduras.
Adicionalmente, el Ministerio de Educación adquirió una enorme responsabilidad al emitir el Acuerdo Ministerial No. 0550-2013 y determinar que el tema del Seminario es “Consulta popular, diferendo territorial Guatemala y Belice” porque ello obliga a educar e informar a todos los educandos sobre el tema.
En síntesis, el presidente Otto Pérez Molina, la vicepresidenta Roxana Baldetti, como responsables de la política internacional y la Cancillería que la debe implementar, no deben olvidar al moro Bobadilla que perdió Granada y que al volverse llorando a mirarla su madre le dijo “Llora, llora como mujer lo que no fuiste capaz de defender como varón”. Conste que muchas mujeres tienen más valentía y arrojo que muchos que dicen ser grandes varones.
¡Guatemala es primero!