Dimes y diretes sobre Belice (II)


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Procede considerar y analizar las opiniones que recientemente emitiera Edgar Gutiérrez, bajo el título “No perder el rumbo con Belice”, de quien señalo no es un jurista, no ha sido legislador, aunque Alfonso Portillo lo nombró Canciller, hecho que tampoco lo convierte en una persona con el suficiente criterio técnico para opinar sobre el diferendo insular y marítimo que nuestro país tiene con Belice.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com


Dice “Guatemala no debe desviarse del objetivo de zanjar jurídicamente el diferendo con Belice. No importa si Belice alteró sus propias reglas para ser posible el Sí del referendo. Aunque Belice rechace ir a la Corte Internacional de Justicia en La Haya, a Guatemala le queda abierta la vía de la demanda jurídica unilateral”. ¿Qué fumó, qué tomó o qué se inyectó Gutiérrez para poder publicar semejante opinión?

La verdad es que Guatemala, como país soberano, mantiene y tiene los derechos para dirimir el diferendo, tanto jurídicamente como a través de un arbitraje, siempre y cuando los beliceños acepten la vía pacífica para lograr la terminación del conflicto.

Juan Luis Font confunde a quien le lee al señalar que Jorge Serrano fue “valiente al reconocer el derecho de autodeterminación de ese pueblo”. El actuar de Serrano fue ilegal y negativo por cuanto el reconocimiento es un hecho político para el que no estaba facultado; la autodeterminación no implica que se apropien de la totalidad del territorio en disputa que proviene de dos concesiones que contenían claras normas y limitaciones entre Inglaterra y España y de la usurpación de todo el distrito de Toledo por la Pérfida Albión que para variar, al amparo de sus piratas y después de sus cañones y aviones, ocupó un territorio que legítimamente pertenecía a las Verapaces; Guatemala efectuó en Naciones Unidas oportunamente la reserva correspondiente.

Tampoco debemos aceptar que Belice, al declarar su independencia en 1981 fijó sus límites territoriales en su Constitución, diciendo que eran los establecidos en la Convención anglo-guatemalteca de 1859 (caducada por incumplimiento) y agregó el listado completo de islas y cayos adyacentes, a pesar que ninguno de estos estaba incluido en los tratados anglo-españoles.

Que algunas personas, según lo expresa Juan Luis, ya no tengan el mismo sentimiento que teníamos antes no implica que hagamos las del avestruz y que perdamos o renunciemos a lo que nuestros hijos y nuestros nietos necesitan en el futuro y es fundamental para el desarrollo de Petén y Guatemala. El reclamo territorial, insular y marítimo es la garantía legal del planteamiento. Decir “demarcar la frontera daría seguridad a los campesinos peteneros” es vergonzoso, lo mismo es afirmar “el mundo entero les apoya” y con ese argumento renunciar a lo que durante 150 años hemos reclamado legítimamente.

Alfred Kaltschmitt se equivoca al decir “Belice, nunca menos nuestro”. Considerando “que la peor lucha es la que no se hace” y si bien la Comisión de Belice tuvo aciertos, desaciertos, y omisiones, especialmente al no percatarse oportunamente del cambio de la Ley de referéndum en Belice, ello solo evidencia la mala fe con que Inglaterra y Belice han obrado respecto al diferendo territorial, insular y marítimo con Guatemala. Plantear que nuestro interés debería solo ser comercial, es típico como “el dejar hacer y el dejar pasar”. El intercambio de bienes y servicios con la población que ocupa el territorio beliceño es tan pequeño que sería como conformarnos con el consumo y compra que tiene la cuarta parte del departamento de Quetzaltenango que tiene tres veces más población que Belice.
¡Guatemala es primero!
Continuará