Dignidad


Un aniversario más de la gesta que los Cadetes de la Escuela Politécnica escribieran en los campos del Roosevelt está cercano. Cincuenta y cuatro años más tarde debo emplear un arma diferente, esta vez la pluma, para establecer que el hombre que no tiene dignidad lo ha perdido todo. «Respeto a sí­ mismo» dice el diccionario. Y precisamente por ello, es que escribo sobre el tema. Porque he sido y soy consecuente con la dignidad con la que se peleara esa acción. Porque en ella privó, por sobre todas las cosas el amor a la tierra que nos viera nacer. Valores que muchos civiles y militares han ido perdiendo con el tiempo.

Carlos E. Wer

Hace un par de años conocí­ que existí­a una «Comunidad de defensa». Empecé a asistir a sus conferencias. Me inscribí­ en el diplomado sobre «Seguridad, Defensa y Desarrollo» y allí­ empezaron mis problemas. No podí­a aceptar, sino como punto de vista, la orientación que a él se le imprime. Y mis puntos de vista empezaron a oponerse a los oficiales. Punto de vista que por demás, están fundamentados por informaciones de Excecutive Intelligence, un grupo internacional al que he estado ligado por más de ocho o diez años.

Me fue solicitada una conferencia sobre el tema narcotráfico. Y, por la información a la mano, denuncié en ella los lazos de esa plaga con altas esferas del gobierno de Estados Unidos de América, de la mano del ex presidente George W. Bush. Igualmente al hacerlo con el tema acerca de las maras, en donde lo identificara como una acción geopolí­tica de la gran oligarquí­a mundial (como sucediera con las «Guerras del opio»), que usa esa multitud creciente de jóvenes desheredados, como un medio de destruir las bases del Estado. Tanto en las conferencias de la Comunidad, como en el diplomado, y en mi columna semanal, (La Hora 23/08/07 ) expuse el inminente arribo de la copia del Plan Colombia (que está escrito en inglés) al que nos invitara el presidente Uribe durante su visita a Guatemala. Luego llegó el turno a la crisis económica que se veí­a venir y de la cual he escrito desde hace tiempo. Recuerdo una plática con el general Pérez Molina, quizá hará cuatro años, en la que le hablaba de cómo ella se cernirí­a sobre el paí­s y el mundo. De la también inminente crisis alimentaria, cuyos signos (ligados a las polí­ticas poblacionales del imperio) eran evidentes, lo cual golpearí­a con fuerza en nuestro paí­s. Aún, en una plática a la que fui invitado por la «Segunda Sección», insistí­ en que esas amenazas y no las que «a puro tubo» nos trasladan las obedientes autoridades de Polí­tica de Defensa, especialmente el grupo femenino, quien pareciera no tener más ojos ni oí­dos que a aquello que proviene de la Embajada y de las autoridades de los organismos internacionales de defensa que provienen de la misma dirección, son las verdaderas amenazas a la seguridad en Guatemala.

Para el ensayo necesario para cerrar el curso, escogí­ el tema «TLC amenaza a la seguridad nacional». No tuvieron el valor de reprobar mi trabajo, porque deberí­an demostrar mi error. Escogieron otro camino 60.58 el punteo obtenido. Sólo 58 centésimas me separaron del punteo más bajo. El paso siguiente serí­a el curso de «Altos Estudios Estratégicos». Solicitamos y obtuvimos del Señor Ministro (Oficio No. 095-2008/EMMDN/MRMM7jp del 3 de abril de 2008 de su EM) 2 plazas para hombres del 2 de Agosto. Mi compañero, por problemas de trabajo se retiró de la posibilidad. A mí­ me «retiraron». No volví­ a recibir informaciones de la Comunidad, lo mismo que pasara con el curso, a pesar de haber ido a platicar con el Subdirector, quien con una pregunta ignorante de lo que representa el 2 de Agosto en la historia nacional y en el de la Institución que debe su propia existencia a esa gesta, nos inquirió al ver que somos hombres de la «tercera edad» el porqué querí­amos hacer el curso.

No creo que el Señor Ministro esté enterado, de que a pesar de sus instrucciones, nos fuera vedado el derecho a tomar el curso. Creo que la decisión proviene de personal que tanto en Polí­tica de Defensa, como algunos oficiales del Cosede, para quienes mi defensa de la soberaní­a nacional (trasnochada para ellos que han aceptado la «soberaní­a limitada»), representa una contaminación no deseada para aquellos que serí­an mis compañeros en el curso y para aquellos oficiales que haciendo cursos en la misma institución, con quienes hubiera podido establecer comunicación en los perí­odos libres. Al final ellos se quedaron con el curso. Yo con la dignidad.