Difí­cilmente erradicarán la corrupción


Se ha dicho oficial y extraoficialmente que la corruptela que campea en la administración pública y en el sector privado será combatida en forma constante y con toda energí­a. ¡Habrá que ver!

Marco Tulio Trejo Paiz

Eso se viene diciendo de gobierno en gobierno y en otros diversos campos de la vida nacional, pero hasta hoy, lejos de reducirse el nivel de corrupción, parece ser que va de largo en desprestigio del orden institucional y del paí­s.

En el exterior se ve a Guatemala con ojo clí­nico, no sólo por la deshonestidad que, como se comenta por todos lados, se detecta en la altura y en la llanura…

Hoy que la Naturaleza ha estado haciendo «pedazos» los puentes, las carreteras, los cerros y otras prominencias, las viviendas de la pobrerí­a y provocando, también, afecciones respiratorias, gastrointestinales, entre otros males, se está hablando de ejercer control respecto de los archimillonarios gastos de reconstrucción que ha comenzado a causar el desastre natural.

Justo es decir que no faltan los prejuicios ni la maledicencia en relación con las elevadas cifras de la inversión que costará la reparación de lo reparable…Y decimos que a la vez lo reparable porque hay daños que jamás podrán ser reparados.

Se necesita mucho interés de parte de la sociedad en cuanto a que los trabajos de reconstrucción se realicen sin meter manos de mono en las volcánicas millonadas que se requieren para curar al enfermo, que es el paí­s.

Pensamos que la gente del oficialismo -nos referimos a los funcionarios que en una forma u otra se encargarán de la enorme tarea de rehacer lo que ha sido destruido- tendrán que ir viendo la manera de que haya supervisión efectiva, eficaz, en cuanto a la rí­ada de millones de quetzales que serán volcados para la reconstrucción.

Y, realmente, conviene y procede escudriñar entretelas para que nadie se aproveche del desastre natural para llenar sus talegos con el vil metal que es susceptible de tamañas garfadas cuando hay ausencia de honradez.

Muchos habitantes de las áreas urbanas y rurales de la República han sufrido las inclemencias climáticas que se han hecho sentir en todos los ámbitos del territorio nacional, por lo que merecen la ayuda que con urgencia necesitan para reanudar condiciones de vida normal.

Cuando se han ido al fondo de los barrancos los puentes -oportuno es precisar algo dentro del tema que estamos tratando-, se han hecho duras crí­ticas a las compañí­as constructoras en el sentido de que los trabajos no se realizaron como Dios manda, por lo cual las obras quedaron inconsistentes, y eso que estamos en tiempos cuando la tecnologí­a cuenta para emplear materiales adecuados a fin de que perduren dichas obras.

Recientemente escuchamos y vimos el caso especial del puente denominado Los Esclavos, cerca de Cuilapa, departamento de Santa Rosa, que en la época colonial fue construido, o sea hace ya más de 400 años; sin embargo, esa vieja obra sin columnas de hierro ni de cemento, pues es de calicanto, se mantiene en pie, soportando terremotos y, anteriormente, intenso trají­n de vehí­culos y desastres como el que ha causado ruina a este empobrecido y golpeado paí­s.

Es la oportunidad propicia para poner de manifiesto, con hechos y no con palabras demagógicas, el sentimiento patriótico de parte de gobernantes y gobernados. La situación nacional es dramática.

La corrupción debe ir desapareciendo como a marchas forzadas en los diferentes estratos oficiales y de la sociedad en general. Ese cáncer que corroe hasta el corazón de la patria debe ir cediendo el paso a la honestidad, a la decencia, a la moral y a la ética, pero eso, según se cree, sobre todo entre los polí­ticos de oposición, será difí­cil, muy difí­cil, mas no imposible de eliminarla -decimos nosotros- con decisión, con coraje y en honor a Guatemala.

¡Y manos a la obra, señores de poderí­o de toda í­ndole! ¡Para luego es tarde!!!