El negociador iraní Alí Larijani y el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Javier Solana, llevarán a cabo el sábado en Lisboa una nueva ronda de conversaciones sobre el tema nuclear iraní, pero ninguna solución negociada parece vislumbrarse.
Antes de viajar a Lisboa, Larijani previó una etapa en Viena, el viernes, para entrevistarse en la capital austriaca con el director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) Mohamed ElBaradei.
Irán persiste en su posición de no suspender el enriquecimiento de uranio, tal como se lo ha exigido en tres resoluciones, el Consejo de seguridad de la ONU. Las dos últimas incluían sanciones.
El embajador de Irán ante la AIEA, Ali Asghar Soltanieh, afirmó el miércoles que las conversaciones entre ElBaradei y Larijani no abordarían el tema de la suspensión del enriquecimiento de uranio.
Teherán considera que «las resoluciones de la ONU son sin fundamento jurídico», según el embajador.
Las grandes potencias acusan a Irán de querer desnaturalizar su programa nuclear civil hacia fines militares, lo que Teherán desmiente.
La nueva serie de discusiones con Solana apunta a evitar que se agrave la crisis.
Las grandes potencias prevén estudiar la adopción de una nueva resolución contra Irán en las próximas semanas.
En una anterior reunión con Larijani, el 31 de mayo, Solana puso en el tapete una oferta del grupo 5 1 (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y Alemania) con la propuesta de una amplia cooperación con Irán, a cambio de la suspensión del enriquecimiento de uranio.
Pero este reunión no dio resultados, tal como la serie de encuentros a este respecto celebrados por Solana y Larijani en 2006.
El 14 de junio, ElBaradei propuso a Irán una moratoria sobre el desarrollo de su programa de enriquecimiento, ofrecimiento que tampoco tuvo éxito.
Anteriormente el director de la AIEA había sugerido una «doble pausa»: Teherán suspendía sus trabajos de enriquecimiento de uranio y el Consejo de seguridad la aplicación de las sanciones contra la República Islámica.
Irán, que a mediados de mayo explotaba más de 1.300 centrifugadoras para el enriquecimiento del uranio en la planta de Natanz, podría haber instalado 3.000 otras de aquí a fines de junio o fines de julio, según un alto diplomático allegado a la AIEA.
Funcionando en condiciones óptimas, una instalación permitiría obtener suficiente uranio altamente enriquecido para fabricar una bomba nuclear de aquí un plazo máximo de un año.
Algunos expertos pusieron en duda la capacidad de Irán para hacer funcionar con tal eficacia las centrifugadoras.
Por otra parte, Irán asegura que su instalación está destinada sólo a producir uranio no muy enriquecido para sus futuras centrales nucleares.
Washington sigue contando con la presión diplomática aún cuando no ha excluido una opción militar contra Irán.
El martes, el presidente George W. Bush afirmó que prefería un arreglo diplomático de la crisis, pero puntualizó que «todas las opciones están en el tapete».
Por su parte, la semana pasada, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad reiteró que «la nación iraní no renunciará jamás y no cambiará en lo más mínimo».
El embajador iraní ante la AIEA dejó entender que Irán podría aún reducir su cooperación que es mínima, con la agencia de la ONU, en caso de sufrir nuevas sanciones.