Dieciséis muertos en dos ataques


Una joven afgana mira con cautela detrás de la puerta de su casa; la violencia en Afganistán se recrudece, pese a la presencia de tropas extranjeras. FOTO LA HORA: AFP TAUSEEF MUSTAFA

Comandos islamistas y policí­as renegados mataron este lunes a 16 agentes afganos en dos ataques en el norte y en el sur del paí­s que han puesto de relieve la vulnerabilidad de las fuerzas de seguridad.


La policí­a afgana anda escasa de recursos y de personal pese a que el reclutamiento de fuerzas es un aspecto central de la estrategia estadounidense para poner fin a ocho años de guerra contra insurgentes liderados por los talibanes, y comenzar a retirar a sus soldados.

A primera hora de este lunes unos hombres armados atacaron dos puestos policiales en el noroeste y el sur, centro neurálgico de la insurrección talibán, matando a 16 policí­as, anunció el ministerio del Interior.

«Ocho policí­as murieron en un ataque terrorista en la provincia de Baghlan (norte) ocho policí­as murieron en otro ataque terrorista en la provincia de Helmand (sur)», señala.

Pero un funcionario local acusó del ataque de Helmand a tres policí­as que apuntaron sus armas hacia sus colegas, como ha sucedido en otras ocasiones.

«Tres de ellos estuvieron implicados en el complot. Dispararon a sus colegas matando a siete de ellos. Uno de los tres se llevó armas y un vehí­culo policial», afirmó el portavoz provincial Daud Ahmadi.

«Otros dos se ocultaban en áreas cercanas y fueron detenidos», añadió.

La posibilidad de la participación de la policí­a afgana levanta interrogantes sobre la lealtad de este cuerpo, que según los observadores está mal pagado, mal equipado y sufre de altos niveles de corrupción y drogadicción.

El otro ataque del lunes fue una emboscada tendida por islamistas a un puesto policial en una carretera, que es la principal ruta de suministro de la OTAN para sus tropas que luchan contra la insurrección de los talibanes.

El gobernador de Baghlan, Mohammad Akbar Barakzai, atribuyó la autorí­a del ataque a Hezb-e-Islami, un grupo islamista muy asentado en el noreste, donde la violencia va en aumento desde hace dos años.

La policí­a afgana suele ser un blanco fácil para los insurgentes que intentan derribar al gobierno afgano prooccidental y expulsar a los 113.000 efectivos de la OTAN y de Estados Unidos desplegados en el paí­s.

Un portavoz de Hezb-e-Islami reivindicó ante la AFP la responsabilidad de su grupo en la muerte de los ocho policí­as y dijo que uno de sus combatientes también perdió la vida.

Hezb-e-Islami está dirigido por el ex primer ministro afgano Gulbudin Hekmatyar, que figura en la lista estadounidense de los «terroristas» más buscados.

Afganistán es escenario de una insurrección sangrienta liderada por los talibanes pese a la presencia de más de 100.000 soldados extranjeros desde la caí­da del régimen talibán en 2001 y la invasión liderada por Estados Unidos que expulsó a la milicia del poder y aupó al presidente Hamid Karzai.

Ante el aumento de la violencia, el presidente estadounidense Barack Obama ordenó este mes el enví­o de 30.000 efectivos suplementarios.

Karzai, quien fue investido presidente para un segundo mandato el mes pasado después de unas elecciones corrompidas por fraude, ha prometido asumir de lleno la responsabilidad de la seguridad en el paí­s en los próximos cinco años.

Pero dice que su empobrecido paí­s no puede pagar solo la factura y necesita ayuda para financiar a sus fuerzas de seguridad.

Un comandante de la OTAN estima que hay 68.000 policí­as para cubrir un paí­s enorme con una población estimada entre 26 y 30 millones de personas.

Estados Unidos espera aumentar el número de soldados y policí­as afganos a 287.000 para julio de 2011 – fecha que se ha fijado para comenzar la retirada de sus soldados – pero los comandantes ya han advertido que no será tarea fácil.