Diálogo Nacional, ahora o nunca


Desde 1987 hasta la fecha, los gobiernos han propuesto diálogos con los distintos sectores de la sociedad para fomentar consensos y resolver los problemas nacionales, pero lamentablemente ninguno ha dado los frutos deseados, siempre se ha terminado imponiendo la agenda gubernamental.

Pedro Mateo
chamateo99@hotmail.com

Aunque dichas experiencias hayan tenido desgaste, el nuevo gobierno propone la necesidad de un Diálogo Nacional, la cual es una decisión correcta para encarar tanta problemática y buscar solucionarla. Previo a los preparativos, las nuevas autoridades deberán demostrar voluntad y capacidad de convocatoria, presentando a los operadores polí­ticos que estarán a cargo de las mesas de discusiones que conocerán las necesidades de las familias urbanas y rurales.

En el Diálogo es necesario abordar el Pacto Fiscal, Desarrollo Rural Integral, Pueblos Indí­genas, Inseguridad Ciudadana, Servicios de Educación, los Conflictos Agrarios, la Crisis Energética y la Protección Ambiental. Esta gama de propuestas deben centralizar sus acciones en la aprobación urgente de la Ley de Desarrollo Rural Integral para erradicar la pobreza, desnutrición crónica, migración humana, desempleo y la violencia social.

En un paí­s donde la distribución de la riqueza es desigual, deberá atenderse con madurez las demandas de las autoridades locales, permitiendo al gobierno descentralizar sus funciones y viabilizar la participación de los sectores organizados para frenar los problemas a corto, mediano y largo plazo. Independiente de la situación macroeconómica del paí­s, las familias indí­genas y campesinas necesitan soluciones concretas a cientos de conflictos agrarios, incumplimiento de los derechos laborales y apoyo para obtener alimentación de subsistencia.

Luego de lograr acuerdos por los distintos sectores (sindical, empresarial, campesinos, académicos y partidos polí­ticos), es necesario traducir los resultados en iniciativas de ley, obligando a los diputados aprobarlas a corto plazo, especialmente un pacto fiscal que permita al Estado contar con más recursos para cumplir sus fines a favor de los ciudadanos. En aras de convertir este llamado en un ejercicio democrático, dependerá del gobierno garantizar la continuidad de los acuerdos polí­ticos a los que se comprometió en la campaña electoral y llevar a la práctica el discurso de toma de posesión, ello conllevarí­a al sector empresarial a gritar su desacuerdo, pero debe entenderse que el bien común prevalece sobre intereses particulares o sectoriales.

La participación de la sociedad civil para impulsar proyectos necesarios y coherentes, será para privilegiar a los «Sin oportunidades» y de esa forma se logrará la conciliación nacional que anhelamos, contrario al interés de implementar polí­ticas beneficiosas a favor del sector económico.

Para garantizar una gestión comprometedora y cercana a la realidad del paí­s, el nuevo gobierno debe evitar la malversación de fondos, los aprovechamientos personales y el nepotismo; así­ como revisar a profundidad la gestión del anterior gobierno, sobre la cual hay fuertes indicios de sobre valoración de obras de infraestructura. En caso se comprueben dichas anomalí­as, los ex funcionarios deberán ser llevados ante la Justicia. Es ahora o nunca…