Dí­a de Difuntos


Es ésta una fecha oportuna para recapacitar sobre la enorme cantidad de difuntos que genera nuestra sociedad por esa su incorregible vocación violenta y que diariamente produce dolor y luto en muchas familias que ven a sus seres queridos morir sin que exista ni siquiera el consuelo de que la justicia será aplicada a los criminales que tranquilamente se dedican a segar vidas humanas.


Todos tenemos nuestros propios difuntos a los que recordamos hoy con cariño. Pero para muchos, además del dolor de la pérdida de un ser querido, se agrega la frustración de saber que la muerte llegó por consecuencia de un acto criminal y que los autores no serán nunca castigados porque mantenemos el sistema de impunidad que beneficia a los que transgreden la ley.

El Dí­a de Difuntos, que debiera ser un dí­a para simplemente recordar a nuestros familiares muertos, es en Guatemala también un dí­a para expresar la necesidad de que hagamos algo como sociedad para contrarrestar el devastador efecto de la violencia que está ya siendo parte de nuestro paisaje, de nuestra cotidianeidad. Constitucionalmente está normado el deber del Estado para garantizar la seguridad a los habitantes de la República de Guatemala, pero desafortunadamente ya no podemos alentar esperanzas de que en el corto plazo se pueda avanzar en ese objetivo fundamental, porque está visto que para las autoridades actuales el tema de la seguridad no es prioritario ni forma parte de los desvelos de quienes gobiernan al paí­s.

Pero los guatemaltecos no podemos cruzarnos de brazos y esperar a que algún dí­a tengamos un gobierno que sí­ se ocupe de la cuestión, porque hacerlo es condenar a la muerte a miles de compatriotas que encontrarán a la parca en el rato menos pensado porque en este paí­s nadie está a salvo. Y el primer paso es ejercer una constante presión sobre los funcionarios para que entiendan el valor de la vida y la responsabilidad del cargo público que les debe obligar al diseño y ejecución de polí­ticas a favor de la vida y la seguridad de las personas. Ya sabemos que los más brutos dirán que es otra conspiración contra el Gobierno eso de hablar tanto de la violencia y la inseguridad porque para ellos el tema no es prioritario en comparación con sus afanes polí­ticos y con sus ambiciones económicas, pero la única forma de lograr algo es presionando de manera consistente y firme para que asuman su compromiso con los mandatos constitucionales.

Ver los cementerios rebalsando de ví­ctimas de la violencia es un recordatorio de lo mal que andamos y de lo mucho que como sociedad tenemos que hacer ante la incapacidad de quienes gobiernan.