Como es del conocimiento de la generalidad, el tránsito de vehículos de todo tipo se está complicando, cada día que pasa, en las calles y en las carreteras del país, y es que se nota una gran inundación de los automotores.
El problema que está agravándose progresivamente mueve a pensar que Guatemala está como a reventar de automóviles, autobuses, camiones, “trailers”, motocicletas, maquinaria agroindustrial y otros pesados “trastes” rodantes…
Se ignora qué están haciendo las autoridades que dicen velar por la normal circulación de los automotores, porque los fastidiosos congestionamientos se suscitan que de horror por todos lados.
Los atascos no se producen sólo en las llamadas horas-pico en las calles de la capital y en las cabeceras departamentales del resto de la república, sino también en diferentes puntos de la red vial, y todo eso, señores del ramo de tránsito, es sumamente preocupante que exige disposiciones acordes con la realidad imperante.
Son alrededor de dos millones de cacharros los que zumban a toda hora del día y de la noche en todos los lugares de los cien mil kilómetros cuadrados y pico que tiene la extensión territorial de nuestro país, el que, dicho sea de paso, ha sido desgajado por los hijos de Pancho Villa y por los bucaneros de la Gran Bretaña.
El origen de esa situación que se ha producido en las calles y caminos de Dios o del diablo puede estar, al menos en parte, en la constante importación de vehículos. Son cientos o miles de patas de hule que en el transcurso de cada mes llegan a nuestro pequeño solar.
Si no mal recordamos, el presidente de la república, general de alfombra Miguel Ydígoras Fuentes, dispuso una medida acertada, de buen gobierno, desautorizando la importación por espacio de dos o tres años, lo cual dio algunos resultados positivos, pero los señores importadores se quedaron risa y risa al sentir heridos sus empresariales y personales intereses. A ratos, a la vez, fruncían el ceño lanzando sapos y culebras al gobernante que, por cierto, como se sabe, alegró su campaña electoral con la cancioncita charra “El gavilán pollero”… ¿Recuerdan, estimados lectores?
Ahora que están muy en boga las protestas callejeras de grupos bochincheros que incluso bloquean vías, horas y días enteros perjudicando la vida activa, sobre todo en lo económico, la gente que empuña las riendas del poder tendrá que suspender durante un período adecuado la importación de vehículos automotores; esa disposición es necesaria y, si se quiere, de urgencia para descongestionar un poco este pedazo de suelo centroamericano.
Habrá que meditar bien, a profundidad, lo que estamos mencionando a manera de sugerencia para que todo merezca el consenso, con aplauso, del súper-tolerante, aguantador con resignación, del enmudecido Juan Pueblo…
Es comprensible que el presidente Otto Pérez Molina esté abrumado por gruesos fárragos referentes a importantes asuntos de Estado, pero conviene ir pensando en dar adecuada solución a cuestiones que afectan a grandes sectores de la comunidad nacional, tal el caso de los serios, por demás serios problemas que entraña el tremendo congestionamiento de automotores de toda clase.
En México y en otros países atestados de vehículos, además de no permitir temporalmente la importación de éstos, se ha establecido lo que podemos calificar de “turnos” de circulación de las “máquinas”, como llaman los cubanos a las carcachas, con base en los números de las placas, lo que posiblemente ha dado buenos resultados.
Los expertos en asuntos de tránsito pueden aportar sus conocimientos y experiencias sobre el interesante tema que hemos comentado en esta columna sabatina de LA HORA.