Tras su salida del Ministerio de Finanzas Públicas, el licenciado í‰dgar Balsells retoma una vieja afición por las columnas de Opinión y publicará, a partir de hoy, semanalmente una columna sobre los temas que él quiera abordar aunque, me imagino, dará preferencia a los de su especialidad y sobre todo a lo que tiene que ver con su reciente experiencia en el sector público y las implicaciones de una política errática en el manejo de las finanzas públicas.
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Nuestra relación con Balsells se remonta a la entrañable amistad que yo tuve con su padre, el licenciado Alfredo Balsells Tojo, uno de los abogados más rectos y respetables que he conocido en mi vida. Con Alfredo coincidimos en la Municipalidad de Guatemala en tiempos de Meme Colom y desde entonces hasta su muerte nos identificamos muchísimo, forjando una relación que se proyectó en la amistad con sus hijos. Cuando Edgar regresó de su especialización en Estados Unidos vino a trabajar con nosotros en La Hora y durante muchos años mantuvo una sección de análisis de la Coyuntura Económica.
La forma de ser de Alfredo, tan tajante y dispuesto a enfrentar los problemas sin tapujos, no le hubiera permitido ganar ningún concurso de popularidad porque ya sabemos que la gente que es muy directa y que le dice al pan pan y al vino vino despierta muchas veces animadversión, porque vivimos en un mundo de doble moral, un mundo que prefiere la hipocresía a la actuación directa. Pero Alfredo jamás pudo tener esos dobleces y era, por ejemplo, de quienes más frontalmente hablaba con Manuel Colom, quien en esos momentos era el líder de un movimiento en el que participábamos con entusiasmo, pero en el que por supuesto existían personas que no se animaban jamás a cuestionar el criterio de Meme. Alfredo era de los pocos que si estaba en desacuerdo, lo decía sin pelos en la lengua y me consta que Manuel le respetaba y apreciaba mucho por eso.
Su presencia en la Comisión de Esclarecimiento Histórico fue una garantía de independencia e imparcialidad, puesto que contra lo que hace poco comentó el coronel Mario Mérida al incluirlo en listados de comunistas de la época de Castillo Armas, Alfredo no tuvo tal militancia y jamás hubiera podido ser de los que se someten a la dirigencia dogmática de un partido de esa naturaleza, porque era de la gente que por principio mostraba su libre albedrío.
Por supuesto que de hijos a padres no hay tales de gotas de agua y por mucho que se tengan características similares también pesan las diferencias. A í‰dgar ni le gusta ni le va la confrontación y más bien es una persona que se caracteriza porque trata de ser un buen componedor, pero sin duda que los principios esenciales de honestidad y decencia de su padre los tiene sólidamente inculcados y por ello es de las pocas gentes que uno ve que los antepone a los intereses personales.
Con tal de conservar un hueso, no digamos el Ministerio de Finanzas Públicas, cualquiera se acomoda y cede a las presiones que vienen de arriba.
Con el tiempo se irán conociendo más detalles, sin duda, de las razones de la salida de í‰dgar del ministerio tras pocos meses de ser parte del equipo de gobierno del presidente Colom. Lo cierto del caso es que por Finanzas pasaron los hijos de dos dirigentes históricos de la socialdemocracia de Guatemala, Alberto Fuentes Mohr y Alfredo Balsells Tojo, y ambos se tuvieron que ir porque no llegaron a casar con las políticas de este régimen que se dice socialdemócrata. Hoy ya í‰dgar nos da unas pinceladas de las preocupaciones que forzaron a su salida y sin duda con el tiempo veremos más claras tales las verdaderas causas.