El médico guatemalteco Jorge M. Quiñónez, residente en Florida, Estados Unidos, me envió un correo electrónico contándome del programa de televisión transmitido el domingo pasado por la noche por la cadena de televisión NBC, en su segmento Dateline, en el que la reportera Victoria Corderi hizo un extraordinario y prolongado trabajo para investigar cómo funcionan las adopciones en Guatemala y el papel que desempeñan tanto las agencias norteamericanas que organizan la operación con sus contactos en nuestro país, como quienes aquí son los proveedores de niños para adopciones.
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El doctor Quiñónez se mostró sorprendido porque ningún medio guatemalteco hizo alusión al trabajo realizado por NBC y que desnudó no sólo a nuestro sistema judicial corrupto y la absoluta impunidad existente en el país, sino que pintó a Guatemala en una forma que verdaderamente es motivo de vergí¼enza. No sólo porque evidencia que aquí no se investiga ni siquiera el secuestro de niños, sino que además porque demostró la forma en que se están produciendo niños específicamente para ser vendidos y las madres que de antemano venden al fruto de sus entrañas permanecen muchas veces en casas acondicionadas para garantizar que el niño no se les vaya a ir a los comerciantes.
El galeno guatemalteco me envió el enlace para entrar a la página web del programa y ver la transcripción literal de lo que fue transmitido por ellos el pasado domingo. La verdad es que la lectura del documento lo deja a uno con el pelo parado por el detalle sobre la forma en que se procede literalmente a vender a los niños guatemaltecos para que familias extranjeras los adopten. No se trata de dar en adopción a niños huérfanos o abandonados, sino que se trata literalmente de una producción en línea, de acuerdo con los más sofisticados métodos del mercado, de infantes que son puestos en oferta utilizando la más alta tecnología para promocionar el negocio en donde está el dinero.
Las cantidades que se pagan por adopción superan los 25,000 dólares y las madres que se embarazan para proveer el mercado reciben en promedio 600 dólares, según la investigación. El resto es la ganancia que se reparten entre todos los que forman parte de la cadena de la operación que ha sido ardorosamente defendida cabalmente por los pregoneros del libre mercado como una excelente muestra de lo bien que caminan las cosas cuando el Estado, que les parece odioso, no mete las manos. Son las mismas voces que se alzaron en contra de la Ley de Adopciones porque consideraron que con ello se estaba suprimiendo el estímulo del lucro y que ello dejaría a miles de niños sin gozar de los beneficios de una adopción.
Si es terrible que nuestro país exporte su mano de obra al negarle oportunidad a los guatemaltecos para encontrar medios de vida dignos, cuánto más terrible es que seamos un país que se dedica descaradamente a producir niños con el único y exclusivo fin de poderlos vender a quienes desesperadamente quieren adoptar niños. Guatemala se ha prostituido de tal manera que nos presentamos al mundo como una fábrica de niños, un país en el que no ofrecemos en adopción a niños abandonados o huérfanos, sino que a niños producidos casi por encargo. Así como se comporta la demanda, tiene que actuar la cadena para surtir la cantidad de niños que se requieren para ser literalmente vendidos.
Y las declaraciones del personal de la Procuraduría General de la Nación en ese programa son como para mandarlos a la cárcel no sólo por descaradamente irresponsables, sino por lo imbéciles que son y por el papel en que dejan a todo el país.