La justicia española paralizó hoy temporalmente las autorizaciones para abrir fosas comunes y exhumar cuerpos de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo a la espera de decidir si el juez Baltasar Garzón es competente para investigar la suerte de esos fallecidos, indicaron fuentes judiciales.
La Audiencia Nacional, principal instancia penal española, decidió por 10 votos contra cinco que Garzón deje de autorizar la apertura de fosas comunes hasta que el pleno de la audiencia responda al recurso de la fiscalía, que se pronunció en contra de que el juez investigue el paradero de más de 114 mil desaparecidos de ese período.
La sala de lo penal de la Audiencia resolvió «que se paralicen las actividades tendentes a la exhumación de cadáveres en tanto no se resuelva (…) la cuestión de incompetencia planteada por el ministerio fiscal», según el auto de los jueces.
El 16 de octubre pasado, Garzón decidió llevar a cabo esta investigación alegando que se trata de «crímenes contra la humanidad», que no prescriben.
Pero la fiscalía española recuerda que una ley de amnistía adoptada en 1977 impide acciones judiciales por esos delitos de la Guerra Civil (1936-1939) y el franquismo (1939-1975).
Desde Ginebra, el Comité de Derechos Humanos de la ONU pidió ayer a España la abolición de esa ley por considerarla en contradicción con los tratados internacionales ratificados por el gobierno de Madrid.
Al margen de las acciones judiciales, las asociaciones de familiares de víctimas abren fosas y exhuman los restos de sus parientes desde hace ocho años.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha abierto desde el año 200 más de 170 fosas y exhumado unos 4 mil cuerpos, casi todos víctimas del bando republicano que fue derrotado, además de poseer datos de la existencia de casi 400 fosas en todo el país.
Garzón autorizó el 16 de octubre la apertura de 19 fosas comunes, entre ellas aquélla en la que probablemente se encuentra el poeta Federico García Lorca, fusilado al comienzo de la guerra en la provincia de Granada (Andalucía, sur) por el bando nacionalista ganador.
Ayer, el juez español amplió la lista a cinco localidades más y al mausoleo del Valle de los Caídos, monumento donde están enterrados entre 30 mil y 50 mil víctimas de la guerra, casi todas del bando nacionalista.
Tras la autorización judicial, los expertos preparaban la apertura de la fosa de Lorca y de otras dos de las 19 listadas en un primer momento a finales de noviembre, que en principio deberían llevarse adelante.
Ian Gibson, biógrafo de Federico García Lorca, fusilado durante la Guerra Civil, está seguro de que «nada va a poder impedir» la búsqueda de los restos del «poeta español más famoso del siglo», aunque él «no podría aguantar el dolor» de verlos.
«Tengo confianza total en que se va a buscar. Nada lo va a poder impedir», «esto está en marcha» y «la familia no creo que pueda influir nada a estas alturas». «El proceso es imparable», declaró Gibson.
Para este hispanista irlandés «es muy malo para todo el mundo, para la familia de Lorca, que haya tantas versiones» sobre su paradero.
Sobre él se barajan dos lugares cercanos en la provincia de Granada, donde fue fusilado por milicianos de la sublevación de derechas a mediados de agosto de 1936, un mes después del comienzo de la Guerra Civil (1936-1939).
El biógrafo, de 69 años, cree que «Lorca estaría en contra de su propia familia, porque hay otras personas enterradas con él y sus familias quieren encontrarlos».
Los familiares se oponían a que se exhumen sus restos, frente a los parientes de tres personas probablemente enterradas junto a él, el maestro de escuela Dióscoro Galindo, y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, en la provincia de Granada (Andalucía, sur), donde vivía el poeta.
Pero el juez Baltasar Garzón autorizó el 16 de octubre la apertura de varias fosas donde pueden encontrarse los cuerpos de desaparecidos de la guerra, además de anunciar que investigará el paradero de más de 100 mil personas y las circunstancias de su muerte durante este período y la represión de los primeros años de la dictadura de Franco (1939-1975).
La justicia local ya ha recibido la autorización y un equipo de la universidad de Granada prepara la apertura de la fosa, que podría retrasarse hasta comienzos del próximo año debido a las lluvias.
Ante esta evidencia, la familia, resignada, y después de mostrarse dividida sobre la apertura de la fosa, ha decidido presenciar los trabajos y pidió a un juez que se hagan en la intimidad para evitar que se convierta en «un circo mediático».
Para el escritor irlandés, encontrar el cuerpo de este poeta comprometido con los gobiernos republicanos de izquierdas ayudaría a conocer las circunstancias de su muerte, «si lo torturaron antes de matarlo». «Yo creo que sí».
Además «es una cuestión de decencia, de justicia», ya que «lo que pasó en la postguerra fue un crimen masivo» y «a nadie se le ocurre dejar a un abuelo en la cuneta».
Y encontrar los restos de Lorca «daría un impulso tremendo» al proceso de búsqueda de los desaparecidos, ya que «estamos hablando del poeta español más famoso del siglo y más traducido de todos los tiempos» y del «desaparecido más famoso de la Guerra Civil». «Es importante para el mundo».
Pero Gibson, que en 1966 visitó el lugar que le señalaba el enterrador de Lorca, Manuel Castilla, y que documentó en su biografía (1971), no quiere asistir a la exhumación.
«No quiero ver, no podría aguantar el dolor de ver los restos de Lorca. Mme daría un infarto», asegura.
La investigación de la muerte del poeta «caló tan profundamente en mí que no puedo olvidarlo. He convivido con su obra, su sufrimiento, su condición de gay en una sociedad machista. Estoy absolutamente identificado con su mensaje», describe.
Miembros de la familia de Lorca alegaban que si se abre la fosa, el lugar perdería su magia, lo que para Gibson es «ridículo».
«El meollo es que el Estado ayude a las familias a buscar a sus muertos y darles un entierro digno. Si no quieren sacar a Lorca, pueden dejarlo ahí», estima.
El hispanista sitúa la fosa en un punto entre los términos municipales de Alfacar y Víznar, pero otros indicios la sitúan a unos 600 metros, en el paraje llamado El Caracolar, lo que aquél tampoco descarta.