Detienen a lí­der rebelde congoleño


Imagen de archivo tomada el 22 de noviembre del año pasado, del lí­der rebelde congolés Laurent Nkunda, quien fue capturado hoy en Ruanda. FOTO LA HORA: AFP ROBERTO SCHMIDT

El jefe de etnia tutsi de la rebelión congoleña Laurent Nkunda fue detenido anoche en Ruanda, tras una ofensiva conjunta de las fuerzas congoleñas y ruandesas contra su feudo en el este de la República Democrática del Congo (RDC).


«El estado mayor conjunto de las FARDC (ejército congoleño) y miembros de los servicios de inteligencia del RDF (ejército ruandés) informan a la opinión pública del arresto del general depuesto Laurent Nkunda ayer, prófugo en el territorio ruandés tras haber opuesto una breve resistencia a nuestros militares en Bunangana», afirmaba un comunicado firmado por el inspector general de la policí­a de la RDC, John Nundi.

Nkunda, jefe de la rebelión del Consejo Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), se encontrarí­a hoy «en arresto domiciliario en Gisenyi», localidad ruandesa cercana a Goma -capital de la provincia congoleña de Kivu Norte-, según una fuente de la rebelión.

La Alta Corte militar congoleña emitió en septiembre de 2005 una orden de detención contra Nkunda por desobediencia y crí­menes de guerra en la ciudad de Bukavu, capital de la provincia de Kivu Sur, que sus fuerzas habí­an tomado en junio de 2004.

Según una fuente judicial congoleña, los ruandeses, ex aliados de Nkunda, esperarí­an una carta de Kinshasa para entregar al lí­der rebelde a las autoridades congoleñas.

Las fuerzas ruandesas y congoleñas llegaron anoche a las puertas de la localidad de Bunangana, feudo del CNDP en Kivu Norte, en el este de la RDC.

Más tarde estallaron combates entre la coalición y miembros del CNDP en la localidad de Chengerreo, situada a 5 km al oeste de Bunagana, según una fuente de la inteligencia local.

Nkunda habrí­a abandonado a sus soldados para dirigirse junto a algunos hombres a territorio ruandés, a una zona donde hay un campo de refugiados tutsis congoleños, según la misma fuente.

Nkunda se habí­a visto muy debilitado cuando el 16 de enero los principales mandos de su rebelión, entre ellos su jefe de Estado Mayor Bosno Ntaganda, declararon el «fin de la guerra» contra las FARDC y se pasaron a la coalición de las fuerzas regulares congoleñas y ruandesas.

El CNDP, que controla gran parte del Kivu Norte tras enfrentarse con el ejército entre agosto y noviembre de 2008, sufrí­a una grave crisis desde que Ntaganda afirmó destituir el 5 de enero a Nkunda por «mal liderazgo».

A raí­z de esta escinsión quedaba en el aire la relación de fuerza entre las dos fracciones del CNDP y el futuro de su lí­der histórico, Nkunda, que dirigí­a la rebelión desde su creación en 2006.

Pero la respuesta llegó el 20 de enero con la entrada de más de 3.500 soldados ruandeses en la RDC, que, seguidos por las FARDC, entraron en las localidades entregadas por los disidentes de la rebelión, sin resistencia por parte de los elementos aún leales a Nkunda.

El objetivo declarado de esta ofensiva conjunta era encontrar a los rebeldes hutus ruandeses, refugiados en la RDC tras el genocidio de Ruanda de 1994, en el que murieron unas 800 mil personas según la ONU, en su mayorí­a de etnia tutsi. Pero evidentemente su principal misión era acabar con el jefe rebelde Nkunda enfrentado al poder en Kinshasa.

SEMBLANZA Laurent Nkunda


El general depuesto tutsi congoleño Laurent Nkunda desafiaba desde hací­a años al gobierno de Kinshasa, acusándolo de discriminación contra la minorí­a tutsi de la República Democrática de Congo (RDC).

A los 41 años, este hombre alto y delgado, de rostro demacrado, llevaba a cabo una guerra de desgaste contra unas fuerzas gubernamentales en plena reestructuración, a las que a menudo logró derrotar, especialmente durante su ofensiva a finales de octubre de 2008, que lo llevó a las puertas de Goma, la capital de la provincia de Kivu Norte.

Nkunda acusaba al poder de Kinshasa de connivencia con los rebeldes hutus ruandeses que participaron en el genocidio de 1994 y se encuentran actualmente refugiados en el este de la RDC.

Como muchos otros tutsis congoleños, comenzó su carrera militar en las filas del Frente Patriótico Ruandés (ex rebelión tutsi de Ruanda), que en julio de 1994 puso fin al genocidio perpetrado por el régimen hutu que gobernaba entonces en Kigali.

Tras dos años en el ejército ruandés, se unió en el vecino Zaire (hoy RDC) a la rebelión encabezada por Laurent-Desiré Kabila (padre del actual presidente congoleño, Joseph Kabila) que en 1997 derrocó al dictador Mobutu con ayuda de las fuerzas ruandesas y angoleñas.

En 1998, Kabila padre rompió con sus antiguos aliados ruandeses y Nkunda se convirtió en uno de los comandantes de la Reunión Congoleña por la Democracia (RCD), una rebelión respaldada por Kigali durante la guerra civil que sacudió al ex Zaire hasta 2003.

Tras la guerra, el RCD integró el gobierno de coalición en Kinshasa y Nkunda fue promovido a general, pero se negó a asumir su puesto denunciando una reforma del ejército que no permite la prometida «reconciliación nacional».

En junio de 2004, Nkunda hace temblar a la República por primera vez al apoderarse brevemente de la capital de la provincia de Kivu Sur, Bukavu, donde afirma defender a sus «hermanos» tutsis.

Depuesto del ejército, desde septiembre de 2005 pesa sobre él una orden de detención de la justicia militar por presuntos crí­menes de guerra perpetrados por sus hombres en Bukavu.

Cristiano protestante, Nkunda está casado y tiene cuatro hijos.

«Yo no elegí­ hacer la guerra. Al principio, querí­a ser enfermero, pero tengo que responder al llamamiento de las poblaciones amenazadas», afirmó en una ocasión el lí­der rebelde, nacido el 2 de febrero de 1967 en Mirangi (Kivu Norte).

«Lucharé mientras los Interahamwe (extremistas hutus ruandeses) sigan aquí­», afirmó a menudo.

Pese a ser un personaje muy mediático, Nkunda optó por la discreción después de que el pasado 16 de enero la mayor parte de sus comandantes anunciase el «fin de la guerra» con el ejército congoleño y pasara al bando gubernamental.