Sería bueno que el Presidente de la República y sus principales asesores, incluyendo desde luego a la influyente figura de su esposa, le dieran una buena leída al documento patrocinado por el Centro de Estudios Estratégicos del Ejército de los Estados Unidos sobre la situación de Guatemala, porque si bien no nos aporta novedades, plantea en blanco y negro una dramática realidad que se traduce en el deterioro de las instituciones nacionales que dejan el espacio libre para que los grupos promotores de violencia se adueñen del país.
Lo más dramático del trabajo es que uno llega a la conclusión de que el país está mal, que no tenemos capacidad de respuesta para enfrentar el sostenido avance de los grupos criminales del poder oculto, del narcotráfico y de las pandillas, pero que, además, no hemos hecho absolutamente nada por contener el problema y, lejos de eso, cada día estamos peor. Hace años que muchos pensábamos que el país había tocado fondo en su crisis institucional, pero resulta que no es cierto y que el fondo no está siquiera a la vista porque continúa el deterioro en forma más que sostenida. La manera en que se han dado las elecciones recientes de magistrados y de Fiscal son un ejemplo claro de que la sociedad no tiene ni influencia en el proceso, no digamos capacidad de ejercer algún control para contener el avance de los grupos delincuenciales que aumentan día a día su poder y la cooptación de las instituciones. Y no hablamos únicamente de instituciones públicas, sino también de cómo en áreas privadas va creciendo la influencia de esos grupos que están en realidad adueñándose del país. Todos los gobiernos han ayudado a que se incremente el dominio de los poderes ocultos pero es obvio que en el actual la lucha que se libra es encarnizada y por lo tanto no hay cuartel. Ante la presencia de una comisión internacional creada para combatir la impunidad, han sentido mayor riesgo para sus intereses y se ha incrementado el esfuerzo por ejercer el mayor control, poniendo en marcha maquinarias intensas que aprovechan la coyuntura política para cerrar la rosca. Estamos literalmente perdiendo el país porque permitimos que las instituciones terminen de colapsar al ser absolutamente cooptadas por esos poderes ocultos y el Gobierno se ha convertido, con o sin intención, en comparsa del juego porque en busca de sus propios intereses electorales para el año próximo, hace alianzas con los grupos más funestos de la vida nacional, pasando por alto la urgente necesidad de iniciar un proceso de rescate de las instituciones y de efectivo fortalecimiento del modelo democrático.