“Después del trueno ¡Jesús María!”


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Tanto accidente que vemos a diario se debe a falta de señalización, educación y vigilancia. No dejaré de insistir en ello hasta ver su mejoría. Prefiero recibir varias mentadas de parentela que seguir callado ante la urgente necesidad de poner manos a la obra para realizar un programa integral de prevención de accidentes.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Con una sola vida que lograra salvar mi insistencia, de sobra estaría divinamente compensado. Y es que las autoridades de nuestro país solo aparecen hasta después de ocurridos los desastres, a pesar del sinnúmero de shows tradicionalmente montados para engañar a la gente de que ahora sí van a ser enérgicos aplicando la  ley, como los acostumbrados antes de la  Semana Santa.
     
      Me pareció excelente un reportaje recientemente publicado en un matutino que habla de la señalización deficiente en las carreteras de Retalhuleu pero ¿Y el resto del país y de las urbes abandonadas a su buena suerte por las autoridades nacionales y locales? Han sido tantas nuestras necesidades y carencias que hemos pasado por alto que tan grave es no restituir una señal preventiva caída en un crucero, a no recordar a los conductores que su significado obliga a cumplir con la ley de tránsito. ¡Ya no más! Las autoridades no pueden seguir incumpliendo impunemente sus deberes, provocando con ello la ocurrencia de tantos accidentes de tránsito. 
     
      A donde vayamos los tres factores indicados nos siguen amenazadores. Una noticia leída recientemente, asegura que por lo menos  tres mil personas mueren en las calles y carreteras del país causadas por personas que manejan sus vehículos en estado de ebriedad, abuso de velocidad y distracción por el uso de teléfonos celulares. Para mí que es mayor el número y las causas. Lamento poner en duda estos detalles, porque las instituciones del Estado son tan deficientes, que ni para llevar correctamente compiladas las estadísticas han sido útiles desde hace rato.
     
      ¿Qué hace entonces la famosa Dirección General de Tránsito? Ignoraríamos totalmente su existencia si no fuera por sus inveterados “clavos” al no poder emitir nuevas licencias, la acostumbrada comercialización de exámenes teóricos y prácticos para comprobar las capacidades mínimas para conducir un vehículo automotor y de su obsoleta burocracia pero, de advertir, educar y formar cada día más y mejores conductores de vehículos ¡Ni por asomo! Los montones de inútiles agentes de negro o de verde perico aparecen con autopatrullas y motos después de un accidente, para hacer lo mismo que hacen los  “mirones” y “guanacos” de siempre pero, para ordenar, orientar o brindar asistencia resultan inútiles, eso, mejor se lo dejan a los bomberos, quienes indudablemente son muchísimo más eficientes. Finalmente, tengo una pregunta para usted estimado lector: ¿No cree que si bien es cierto que nuestra sociedad se comporta como tribu de salvajes, al menos podríamos quitarnos de encima el marbete de ser un montón de cafres al timón de un arma mortal?