El colorido de la selva va más allá de todo lo dicho: la languidez de los corozales, los helechos proliferantes y las orquídeas atigradas al abrigo de los rincones sombríos. La belleza refrescante de ninfas y lirios de flores blancas en la corriente de los arroyos y en los remansos de los grandes ríos. Refugio de peces de raros nombres que llenan el gran acuario de la naturaleza: chombimbas y mojarras de piedra, guapotes y ágiles robalos, gruesos jolotes y machacas, sábalos de fuertes escamas y pejes lagartos que como otros acorazados, las tortugas y los agresivos sambundangos, convivieron con los dinosaurios hace millones de años.
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La selva es la extensión de sabana como la expresión bravía de aquella tierra; sabanas reverberantes después de las quemazones de abril y mayo. Manto interminable de sajás y nances en flor de fruto maduro con sabor amargo. Resecas extensiones de pasto pajizo, escaparate de vacuchas huesudas rebuscando restos entre la tierra humeante en espera de las primeras lluvias para la siembra.
Sabanas de días largos de sol tempranero que rompe la niebla en las primeras horas del amanecer, clarín repetitivo de gallos madrugadores en algún rancho perdido dentro del árido paisaje. Vida que cobra dimensión y colorido, alrededor de las aguadas de campo abierto abundando en cicatrices que dejó en el lodo el ganado cimarrón.
La sabana son mil caminamientos entrecruzados por islotes de verdor y entrada de cordilleras que hacen notar la presencia de los montes en la lejanía y rompen la uniformidad y la monotonía del paisaje. Riachuelos, lagunetas y zacateras de cortante navajuela, vivideros de saurios buscando la sobrevivencia más allá de las orillas del gran río. Colores, sonidos, aromas y fugaces visiones… a veces en suave armonía o en discrepante conflicto.
Como las mariposas volando sobre los nidos de comején y los resecos hormigueros? como el repiqueteo del pájaro carpintero, la carrera estrepitosa de los pajuiles y el silbido de los gavilanes en lo alto del cielo. Como el tropel del danto en los bajiales y el suave murmullo del correr del agua de vertiente. Como el contraste de las rocosas serranías cortadas por abismos y caídas. Como el paso del tigre viendo reflejar su imagen en la corriente de las aguas, como el del perico ligero mordisqueando los restos de sus víctimas y los cocodrilos que flotan al garete haciendo brillar sus ojos adormecidos.
La selva es el contraste del rigor del mediodía que trajo mundos de sopor tras el zumbido de los tábanos, el correteo del jabalí y el chillido de los monos. Después llegó la hora de pedirle cuentas al sol que ya caminó más allá de la mitad del firmamento, dejando sombras y río de sudores. Es la llegada de la tarde y el renacer del canto de los pájaros que buscan los bebederos; otra vez las chachalacas puntuales anunciando con sus gritos el atardecer ante la vista del sol que dibuja su redondez queriendo esconderse en la arboleda. Es el contraste de la oscuridad de la noche y el anticipo de los primeros fulgores de la luna. Es la hora del canto temeroso de las lechuzas y los silbidos de los tapacaminos presagiando quién sabe que males.
Es la hora del vuelo del «sietepresas» con su grito tenebroso; del croar de las ranas y del negrear de las nubes de jejenes escondiéndose del viento que sopla del norte en espera de una noche tormentosa.
Presagios de tormenta, nubes negras y visiones de relámpago iluminando el horizonte; retumbar de truenos perdiéndose con ecos en la lejanía como un gran regaño del cielo. Luego, el chaparrón inesperado que sólo deja de su recuerdo el tímido gotear de la arboleda y el rumor de las corrientes de agua en las quebradas. Se va despejando el cielo y entre pasadas de nubes y brumas, se deja ver el suave perfil de la Luna decreciente y el tímido manto de estrellas que vienen a desafiar la oscuridad.
Ya la noche entregó su mejor momento y con la madrugada llega el frío y la niebla como anticipo del amanecer penetrando la arboleda; hacia el saliente, los resplandores de la aurora comprometiendo el nuevo día. Llegó el día? un nuevo día y todo volverá a ser como fue; sin monotonía, cambiante, nada en la selva está establecido, a no ser nacer y morir.
La selva al final no es sólo eso? es mucho, muchísimo más que no cabría en libros y libros, en muchos miles de libros, con todo es la misma selva, el mismo sol y la misma luna.
Sí? después de todo como decía nuestro Virgilio, no queda más urgencia que volver, volver a la selva.
¡¡¡UNA BUENA NAVIDAD PARA TODOS!!!