Los masivos despidos de trabajadores alrededor del mundo, provocados por la crisis financiera, redundarán en agitación y violencia social, lo que podría anunciar la muerte del capitalismo, estimaron sindicatos reunidos en el Foro Social Mundial que se realiza en Brasil.
Tamaño descontento será un paso doloroso pero necesario hacia un nuevo orden mundial. Un paso que, sin embargo, está retrasándose debido a los esfuerzos por salvar el anterior sistema, ya viejo e inútil, argumentaron los sindicatos, en su mayoría de América Latina.
«Es evidente que los efectos de esta crisis serán conflictos sociales de gran magnitud», declaró Martha Martínez, secretaria de las Américas de la Federación Sindical Mundial (FSM).
Los gobiernos ya estaban tomando medidas para reprimir por la fuerza la «fragmentación social», añadió, citando como ejemplo a Colombia y Perú.
La esperanza en una revolución de los trabajadores ha flotado en el aire durante todo el foro, que ha reunido a 100 mil personas de izquierda en oposición al Foro Económico de Davos donde se dan cita presidentes y líderes de grandes corporaciones.
Julio Gambina, director del Centro de Estudios de la Federación Judicial Argentina, acusó a los países desarrollados -particularmente a Estados Unidos- de tratar de salvar el neoliberalismo que, según él, está «en quiebra».
Los modelos que hay que seguir ahora, según Gambina, son Cuba, Venezuela y Bolivia, todos los cuales han rediseñado sus Constituciones hacia enfoques socialistas para que la riqueza también llegue a los pobres.
La fuerza de la retórica marxista proviene de los problemas experimentados desde Finlandia a Filipinas como consecuencia de un fuerte aumento del desempleo.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el desempleo global podría afectar a 50 millones de personas hacia fines de este año.
«Creo que el descontento social ya está acá», señaló a periodistas el director general de la OIT, Juan Somavía, en Ginebra.
Alemania anunció que su número de desempleados aumentó a 3,5 millones de personas.
En Francia, más de un millón de trabajadores se levantó en huelga para protestar por la manera en que el presidente conservador Nicolás Sarkozy ha reaccionado frente a la crisis. Y también, por el miedo a masivos despidos.
Japón también siente la presión de la crisis financiera, donde grandes compañías preparan recortes laborales ante la caída de las exportaciones.
Estados Unidos, epicentro de la crisis, todavía está tratando de tomar el control de la caída de los mercados crediticios y financieros.
Lo informes señalan que el paquete de rescate de 800 mil millones de dólares podría ser ampliado significativamente, tal vez a través de ayuda fresca a los bancos en un intento por eliminar los llamados activos tóxicos.
El rublo ruso se hundía rápidamente, mientras China advertía que entraba en un año «muy severo».
En Brasil, la mayor economía de América Latina, están preocupados porque una década de crecimiento económico está llegando a su fin debido a la crisis del mundo desarrollado. La pérdida de 650 mil puestos de trabajo en diciembre sin embargo -la peor cifra mensual desde 1999- ha unido al gobierno.
«Necesitamos prepararnos para que en 2009 podamos evitar altos niveles de desempleo», dijo el lunes el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en su programa semanal de radio.
Junto a otros líderes izquierdistas de América Latina, de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay, Lula asiste al Foro Social Mundial como señal de cuán inquietos están por la situación.
A pesar de todo, sin embargo, los sindicatos se aferran a la esperanza de que este infierno acabe con tres décadas de consumismo y acumulación de riquezas.
«La crisis es algo bueno y positivo, porque abrió una vía para discutir y revisar el modelo económico actual», declaró Sonia Latge, directora de políticas sociales de la Central de Trabajadores y Trabajadoras de Brasil.
«Creo que el futuro del planeta es socialista», añadió.
Todo el mundo en Davos parece de acuerdo en denunciar la amenaza del proteccionismo en tiempos de crisis, pese a que algunos Estados, representados en el Foro Económico Mundial, lo han aplicado en casa para proteger sus mercados.
El primer ministro ruso, Vladimir Putin, su homólogo chino, Wen Jiabao, y el titular indio de Comercio, Kamal Nath, entre otros muchos, han empleado términos duros a la hora de arremeter contra las actitudes «egoístas» de repliegue durante la cita anual en la estación de esquí suiza.
En Rusia, «no vamos a recurrir al aislacionismo y al egoísmo», prometió Putin durante su discurso inaugural del Foro, recordando los compromisos antiproteccionistas asumidos por las grandes economías mundiales durante el G20 de noviembre en Washington.
«El proteccionismo no sirve a ninguna causa y sólo puede empeorar y prolongar la crisis», afirmó Wen.
«No es nada bueno para la economía mundial», dijo Nath.
Estos líderes secundan la tesis de los economistas basada en que proteger un mercado de la competencia mundial tiene efectos contraproducentes a largo plazo, en particular en tiempos de crisis, como lo reveló la Gran Depresión de los años 30, cuya gravedad es comparable al tsunami actual.
Pero las declaraciones oficiales esconden otra realidad para los Estados: la necesidad de evitar a cualquier precio los despidos y quiebras, socialmente insoportables. Y para ello, las medidas de defensa de algunos sectores constituyen el recurso más lógico.
Estados Unidos es consciente de ello. La nueva administración incluyó en su paquete de rescate una medida claramente proteccionista, prohibiendo la compra de hierro o acero extranjero para los proyectos de infraestructuras financiados con este plan.
Una decisión que no sentó nada bien a los socios comerciales de Washington.
Canadá se mostró «muy preocupado» y Bruselas previno que si la ley era adoptada en su estado actual por el Congreso, el ejecutivo europeo no podría permanecer con los «brazos cruzados», amagando veladamente con denunciarla ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Los temores son palpables, en especial porque la actitud estadounidense podría abrir las compuertas, mientras que hasta ahora todo el mundo trataba de «mantener las formas», según Vladimir Putin.
Según la OMC, las medidas tomadas por los gobiernos para reforzar sus fronteras comerciales siguen estando globalmente dentro de sus parámetros, pero el organismo ha creado una lista de países que hay que vigilar.
Argentina, China, Indonesia, Ecuador, Egipto, Vietnam, India y Rusia -que todavía no es miembro de la OMC- figuran en el listado, así como la Unión Europea por sus planes masivos para los bancos y la reintroducción de subvenciones para la exportación de productos lácteos.
«Debemos permanecer vigilantes», reconoció en Davos el director de la OMC, Pascal Lamy.
De confirmarse, el giro proteccionista estadounidense podría asestar un nuevo golpe a la Ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial, cuyas negociaciones siguen en punto muerto siete años después de su apertura.