Despertares


Hace muchos años, cuando salí­a del monasterio, una de las primeras cosas que llamaba mi atención era el sacrificio que hací­an (y hacen) los polí­ticos en las campañas electorales por alcanzar un puesto de gobierno. Semejantes actos de disciplina y una mí­stica que yo sólo estaba acostumbrado a leer en las hagiografí­as, me parecí­an nobles, increí­bles, admirables. Ingenuo yo, creí­a que la gente que competí­a en las elecciones eran filántropos, personas con ideales, Quijotes que luchaban por un mundo mejor.

Eduardo Blandón

Poco a poco fui despertando del sueño dogmático. Aprendí­ a ser malicioso y a no ver en cada esquina una figura que representara a la Virgen Marí­a. Comprendí­ que el mundo no era tan puro como aparentaba ser y dejé de creer en la bondad natural de las personas (a lo Rousseau). Con candidez primero empecé a conocer los «bussines» de los polí­ticos y así­ fui desmontando una ideologí­a que ya no me serví­a para vivir so pena de sucumbir en un planeta de coyotes.

De la ingenuidad y la buena fe he caí­do en el mundo del escepticismo y de la increencia. Hoy ya no creo, como dicen en otros lugares, en «santos que orinan», ni me dejo llevar por las caras devotas. Para mí­ la mayorí­a es infeliz hasta que demuestre lo contrario y estoy persuadido de que la más grande encarnación del Demonio (si es que éste existe, como quiere hacernos creer don Benedicto) son los polí­ticos.

Evidentemente hay dí­as que tengo mis dudas y regreso a mi pí­o pasado juzgándome yo mismo como un maldito que arderá eternamente en el infierno por mi falta de fe, pero intento rápidamente volver a la realidad. Leo los periódicos y encuentro la maldad de la raza humana, la peor, como he dicho atrás encarnado en los que se dicen ser «polí­ticos».

Me doy cuenta que no puede ser asceta ni mí­stico ni nada que se le parezca, por ejemplo, un alcalde (como el de Antigua Guatemala) que se autoreceta 50 mil quetzales mensuales. Ahora, sólo ahora, entiendo por qué tanto esfuerzo el de las campañas, tanto sacrificio y sudor por llegar a la macolla. Comprendo cómo ílvaro Colom ha gastado diez años o más para llegar al más alto puesto polí­tico si su sueldo sobrepasa los 100 mil quetzales mensuales. ¿Acaso no serí­a ingenuo imaginar siquiera que sus esfuerzos por llegar al poder son para ayudar a los demás?

Ahora puedo entender, lejos del mundo cándido, por qué hay algunos diputados que no quieren dejar el Congreso. Así­ se les mira cada cuatro años peleando hasta con las uñas prorrogar las mieles que otorga el puesto. Tienen más de 30 mil razones mensuales para jugarse los principios, la honestidad o lo que sea. Su lucha no es la del humilde religioso (a) que desgasta su vida con los menesterosos o auxilia al enfermo y al moribundo a cambio de una sonrisa. No, ellos quieren algo más que esa tontera que sólo acaso los ilusos esperan.

Alejado del mundo casto que ofrece la religiosidad, vistas las cosas desde la óptica marxiana, ahora entiendo que lo que mueve el mundo (especialmente el de los polí­ticos) es el dinero, la economí­a. Creer que hay otra forma de comprender la vida es vivir más perdido que el propio Jesús al tratar de imponer un reino nuevo.