Los habitantes de Jabaliya todavía se frotan los ojos al observar el paisaje apocalíptico que dejó la ofensiva israelí en esta localidad del norte de la franja de Gaza, cuyo efecto fue «peor que diez terremotos», afirma un vecino, Ashraf Faraj.
Hace poco más de un mes, edificios de viviendas, fábricas y olivos se alzaban en los suburbios del este de Jabaliya. Ahora, es un campo de ruinas.
A lo largo de una línea de centenares de metros, que abarca los barrios de Qirem y de Abed Rabbo, ninguna construcción sigue en pie. De esta zona, una de las primeras en ser invadidas por el ejército israelí, partieron los tanques el domingo en dirección al lado palestino de la frontera.
Mohammad Hassan, un comerciante mayorista de 72 años, apenas contiene sus lágrimas. Lo ha perdido todo: su casa, los almacenes para sus mercancías, el hotel que hizo construir para albergar a sus clientes.
«Â¿Por qué lo destruyeron todo?», se pregunta.
«Abu Rami», como se le conoce, es una figura del barrio. Empleaba a 40 personas, mediaba en disputas entre vecinos, y trabajaba tanto con el movimiento islamista Hamas como con la Autoridad Palestina. Tenía además sésamo de excelente calidad para enviar a sus clientes israelíes.
Durante los tres primeros días de la ofensiva terrestre iniciada una semana después de que la aviación y la marina israelíes lanzaran la batalla el 27 de diciembre, Abu Rami permaneció en sus almacenes, como para protegerlos. El cuarto, huyó.
Entre los escombros de la obra de su vida, sus empleados empiezan a recoger lo recuperable, en medio de sacos de té y arroz reventados y cajas de aceite de soja derramado.
Es «peor que diez terremotos», resume Ashraf Faraj, un ingeniero de 42 años, apuntando hacia las montañas de escombros.
En el conjunto de la franja de Gaza, unas 5.000 casas quedaron completamente destruidas por el ejército israelí y otras 20.000 sufrieron serios desperfectos, según una primera evaluación divulgada el lunes por el gobierno de Hamas.
Las autoridades de Gaza habían cifrado el sábado los daños en el territorio palestino en 1.900 millones de dólares.
En el este de Jabaliya, hay centenares de casas y mezquitas pulverizadas. Una fábrica de productos electrónicos, otra de aceite de oliva y una tercera de cemento corrieron la misma suerte.
«Cada vez que hay un conflicto, los israelíes atacan siempre los olivos. No entiendo por qué», dice atónito un anciano, mientras se escucha el zumbido de un avión automático israelí montando guardia desde las alturas.
Las excavadoras entran en acción para retirar los bloques de cemento que se vinieron abajo. La gente dice que la mayoría de cuerpos ya fueron retirados de entre los escombros, pero una mujer, de 75 años, lleva desaparecida seis días.
En todas partes, se selecciona, se recupera. La madera de un lado y el hierro de otro. Los niños corren entre las ruinas, algunos de ellos exhibiendo con orgullo municiones israelíes que no estallaron.