TOMADO DE EL FARO.NET
Ya no es un riesgo. Es una realidad. El narcotráfico se ha infiltrado a la Policía Nacional Civil a niveles de jefaturas. Las recientes publicaciones de La Prensa Gráfica son un verdadero escándalo que no se ha recibido por las autoridades con la dimensión que merecen.
Con todas las complejidades de nuestro país, El Salvador no tiene el tamaño de México ni la debilidad institucional de Guatemala, y creímos por mucho tiempo que eso nos tenía en alguna medida a resguardo de lo que sucede en esos países. Aun así, había evidencia suficiente para pensar (y actuar en consecuencia) que el crimen organizado estaba empujando fuerte para infiltrarse en las instituciones salvadoreñas. Tres diputados acusados de vinculaciones con estos grupos (Silva Pereira, Eliú Martínez y Osorto), policías conspirando para secuestrar o robar furgones, nexos entre bandas salvadoreñas y guatemaltecas, la presencia de cárteles mexicanos en el vecino país, los informes de trasiego de droga en las costas salvadoreñas y los nexos de capos guatemaltecos y mexicanos con bandas locales fueron provocando advertencias continuas desde los medios de comunicación y organizaciones nacionales e internacionales.
Aun así, ni la PNC ni la Fiscalía ni el gabinete de seguridad emprendieron acciones enérgicas de supervisión, control y reestructuración para evitar que sucediera lo que hoy estamos viendo. Se trató, dijeron siempre, de casos aislados.
Ahora vemos confirmados los temores de que esto sucediera. Y aun ahora, cuando es tan evidente, las autoridades no están respondiendo a la altura. La Policía Nacional Civil sigue tratando los casos como aislados. A pesar de que uno de sus agentes fue asesinado en las investigaciones, a pesar de que las informaciones dan cuenta de los vínculos con el narcotráfico de tres jefes y 14 agentes, y a pesar de la contundencia de las publicaciones de los días recientes, el director aún no ha anunciado una verdadera limpia en la institución.
Ya vimos en Guatemala lo que sucede cuando la Policía se dedica al crimen organizado. Ya lo vimos también en México. Aquí hace falta mucho menos que en esos países para poner un alto a esta situación. Ni somos un país fundamental para los carteles de la droga ni tenemos cuerpos de seguridad oficial tan grandes como para que se salgan del control ni tenemos, al menos hasta donde sabemos, al Ejército involucrado en dichas actividades.
Aquí, donde la Policía no se da abasto para combatir el crimen en todas sus modalidades, hay que corregir de inmediato antes de que todo se salga de control. Porque cuando la Policía está ya trabajando para el crimen organizado es imposible combatirlo.
Es deplorable que los escándalos de este tipo surjan de investigaciones periodísticas y no de la jefatura de las instituciones. Es lamentable que sean los medios de comunicación los que hagan el trabajo de las instituciones. Lo mismo sucedió en el caso Tórrez-Silva: el fiscal Safié lo supo hace más de un año y engavetó el expediente. La Policía también lo sabía.
Si la jefatura de la PNC ha sido incapaz de investigar a fondo el involucramiento de sus propios oficiales en el crimen organizado, ¿cómo podemos esperar que investiguen seriamente todos los demás casos de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado? El jefe de la Policía ni siquiera se ha manifestado sobre las amenazas que sus oficiales han «sugerido» a periodistas.
A la actual administración aún le quedan dos semanas y media. Insuficientes para hacer un trabajo que debieron haber hecho hace mucho. El narco ha llegado a la PNC, y le tocará a la siguiente administración limpiar a la Policía. Esta nos deja también esa herencia.