Desórdenes psiquiátricos y la población guatemalteca


Es necesario tener claro qué significan los desórdenes psiquiátricos o mentales y/o emocionales dentro de nuestro contexto social, familiar y personal. Asimismo dar cabida al análisis del concepto más apropiado de salud mental.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Lo primero en polemizar es que es lo normal, ya que por mucho que oigamos referir que la paranoia es una enfermedad, dadas las circunstancias actuales de violencia, quien no tenga un mí­nimo de paranoia pierde. Ya que se encuentra vulnerable y desprotegido, es necesario el miedo y la suspicacia en cierta medida para la evaluación de los peligros circundantes y así­ poder intervenir y protegernos.

Quien siempre hace, dice y siente, como la mayorí­a, no necesariamente goza de una buena salud mental. A veces quien está en desacuerdo puede ser la persona más sana. Algo así­ como en el paí­s de los ciegos el tuerto es rey.

Quien siente cólera, tristeza y rabia desbordante tal vez se encuentra más saludable que quien no siente nada y continúa su vida como que todo estuviera en paz y tranquilidad. Podrí­amos estar hablando de zombis o muertos vivientes.

Quien se refiere tranquilo, conforme, muy positivo desde su soledad con el mundo ha de evaluarse en su situación. Puede ser un necesario aislamiento, ante el insoportable horror de las noticias y eventos que se esgrimen y detallan en comentarios hirientes para el alma. Pero lamentablemente esto también puede llamarse esquizofrenia.

Quien se equivoca en la vida y se culpabiliza en su diario vivir puede convertir su estilo de vida en una rigidez inflexible que le conduce del error al horror. De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error (Cicerón); Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados (San Agustí­n). Podrí­a ser una situación grave de una conducta obsesiva o la persistencia de terquedad ante el bloqueo de pensamientos inteligentes.

A quien todo le resbala y le importan poco las situaciones de otras personas y es capaz de transgredir las normas sociales sin ningún aquejamiento, cometer actos ilí­citos como algo normal y consuetudinario en su existencia, posiblemente esté sobrellevando consigo mismo la sociopatí­a.

La prepotencia es un estilo de vida para muchos, alguien me hablaba que era algo así­ como el comportamiento de las gallinas en su gallinero, con personas creyéndose el centro y dueños del mundo.

De tal manera que algunos hombres creen poseer el pene de Cicerón y algunas mujeres el clí­toris de Cleopatra (no recordando que a la mayorí­a de mujeres egipcias de la época era frecuente realizarles la ablación del mismo). Podremos creer que estamos hablando de personas con una muy buena autoestima. Sin embargo es narcisismo, que junto con la sociopatí­a, constituyen enfermedades peligrosas de nuestros tiempos. Pero de cierta manera uno y la otra son elementos a cuentagotas necesarios en nuestra existencia y sobrevivencia.

Por otro lado, al dar vuelta a la situación de las personas que se encontraban arriba, entonces ahora, abajo. También es un problema de baja autoestima al no mantener una conducta digna ante la vida. Y surge otra pregunta ¿A qué se debe la necesidad de genitalizar la vida humana?

Que si es alcoholismo el tomarse los traguitos después de jugar, de observar, o de escuchar el fútbol. O simplemente es despejarse del estrés, también será material para dirimir.

Que si la angustia y la falta de sueño es producto de dificultades económicas y/o del temor a la violencia; o es un componente del mal de ojo, de hechizos malignos, realizados para hacer sentir a las personas con malestar.

Bueno, podrí­amos continuar con muchas más cuestionantes, lo cual es valedero. Pero el concepto de salud mental, aunque tengamos un poquito de todo lo que pueda denominarse desórdenes psiquiátricos aspira a un concepto de personas con dignidad, felicidad e inteligencia para afrontar los desafí­os que la vida les impone; así­ como, creo crucial el establecimiento de un concepto propio de quien se es y la valorización del mismo con la posibilidad intrí­nseca y extrí­nseca de llegar a establecer ví­nculos humanos.