El problema de los olores corporales es tan antiguo como los intentos que ha realizado el humano para resolverlo. Desde los inicios de la historia escrita ha quedado huella de que todas las civilizaciones importantes han realizado significativos esfuerzos por elaborar instrumentos o elementos con el fin de eliminar desagradables olores corporales que normalmente emanamos los seres humanos, independientemente de nuestro género, posición étnica, social, cultural o económica.
El sudor es un fenómeno natural que permite la regulación de la temperatura corporal. Las glándulas ecrinas o sudoríparas están presentes en todo el cuerpo y secretan una materia inodora e incolora elaborada por ellas. Esta materia es conocida comúnmente como sudor. Las glándulas apocrinas situadas en axilas, pies y manos, son las responsables del sudor apocrino que puede convertirse en un olor desagradable debido a las bacterias que se alimentan de él y lo descomponen.
Los ciudadanos del antiguo Egipto confiaban en un baño aromático y, posteriormente, una aplicación de aceites perfumados en las axilas y en los pies. Producían perfumes muy elaborados con base natural de limón y canela. Experimentando, los egipcios descubrieron que la eliminación del vello de las axilas disminuye considerablemente el olor corporal. Siglos después, los científicos descubrieron el motivo: el vello incrementa marcadamente la zona superficial en la que las bacterias, que de por sí son inodoras, viven, proliferan y se descomponen hasta producir el característico mal olor.
Muchísimas personas de los dos géneros, en todo el mundo, sufren por el olor corporal que emanan algunas partes de su cuerpo. Existen muchos desodorantes de diferentes casas y en diferentes presentaciones y olores que se utilizan para mitigar el mal olor. A veces, esos desodorantes no son eficaces, provocan irritaciones debido a los componentes químicos que contienen y no son saludables. Muchos desodorantes contienen sustancias antitranspirantes como el clorhidrato de aluminio o circonio de aluminio, sustancias que pueden producir serios problemas de salud, incluyendo la alta probabilidad y posibilidad de cáncer de mama.
El aluminio induce cambios neuroquímicos y contribuye a la aparición de Alzheimer. El aluminio que contienen los desodorantes puede originar cáncer de pecho.
Según estudios recientes, el aluminio podría ser un factor de riesgo para desarrollar cáncer de mama. Por ello, es recomendable evitar cazos, ollas y sartenes de aluminio, así como también desodorantes que contengan este metal.
Por lo visto, el aluminio, al igual que el cadmio, es un metal que mimetiza el estrógeno, una hormona femenina. Además, según se ha podido comprobar en investigaciones de laboratorio, el aluminio puede dañar directamente el ADN en diferentes sistemas biológicos.
Y aunque que no existan estudios al día de hoy que demuestren de forma fehaciente que el aluminio causa cáncer de mama, lo cierto es que sí se sabe que los tejidos del pecho tienden a concentrar este metal, especialmente en el cuadrante colindante con la axila (justo en la misma zona donde se diagnostican en primera instancia la mayoría de cánceres de este tipo).
Hay muchas personas buscando desodorantes sin aluminio en internet, desde México hasta La Argentina, así como en Europa.
Se sabe que en Guatemala ya venden desodorantes que no contienen aluminio. Contienen un principio activo natural eficiente. A mí me regalaron uno y me ha funcionado con excelencia. Me cuentan que los venden en el área de la 19 y 20 calles, desde la 2ª. avenida zona 1, hasta la Avenida del Cementerio, donde venden artículos de tocador, así como en tiendas mayoristas de La Terminal. Me dicen que es necesario caminar un poco y preguntar dónde se pueden encontrar desodorantes sin aluminio.
Lo más importante es reducir la creciente cuasi pandemia del cáncer de mama, en los dos géneros.