Entre los deportes que se practican en Guatemala, como la mayoría de mis compatriotas soy aficionado al fútbol, aunque desde la última vez que fui a presenciar una chamusca entre Municipal y Comunicaciones, cuyo encuentro daba la impresión que había sido previamente arreglado para que quedaran empatados, hace un par de años, ya no me interesan los campeonatos nacionales o internacionales en que compiten equipos del balompié guatemalteco, por el desempeño tan pobre que ronda en el ridículo.
He publicado un par de artículos críticos al respecto porque me parecen muy desproporcionados los recursos económicos que manejan los dirigentes de la Federación de Fútbol con los resultados que registran las selecciones de profesionales de ese deporte en certámenes en los que compiten, y el mediocre “espectáculo†que ofrecen los conjuntos en los torneos nacionales, pero que locuaces locutores de la televisión los elogian hiperbólicamente.
Me han motivado a escribir estos apuntes los deportistas de otras disciplinas que han obtenido inesperados resultados en los Juegos Deportivos Panamericanos celebrados en Guadalajara, al haber conquistado medallas de oro, plata y bronce como nunca antes había ocurrido, de tal manera que cuando escribo por adelantado este artículo (en vista de que tomaré una cortas vacaciones) y gracias a la información que actualiza mi querido amigo el acucioso periodista Julio Trejo Pineda en su página web, 16 jóvenes guatemaltecos han sido galardonados y Guatemala ocupa el undécimo lugar entre todos los países del continente representados en estas competiciones, por arriba de delegaciones de Puerto Rico, Chile, Uruguay y Perú, para citar algunas naciones que siempre nos han superado en las justas deportivas continentales.
No menciono los nombres de los medallistas, porque las páginas deportivas de los diarios, como jamás lo habían hecho, han abundado ahora en ello, pero sí planteo la sugerencia de mi amigo el abogado Jorge Mario Fonseca (El Chato), en cuanto a que el Comité Olímpico Guatemalteco (COG) organice un desfile en su honor, en el sentido de que todos los galardonados aborden un vehículo descubierto lo más pronto posible, antes que se diluya la euforia, que parta del Obelisco y que arribe hasta la Plaza de la Constitución, para que los aficionados que los admiran puedan demostrar su homenaje, satisfacción y júbilo, en una manifestación popular que buena falta nos hace, incluso para olvidarse de las divisiones derivadas de las contiendas políticas, y que se unan en un sentimiento de regocijo colectivo.
Justo es, también, reconocer a los entrenadores de los deportistas y a la dirigencia del COG, que al contrario de la Confederación Deportiva Autónoma, en esta ocasión ha atendido, orientado y patrocinado apropiadamente a los deportistas que compitieron en México.
(El aficionado Apapucio Talishte le comenta a su compadre Romualdo Tishudo: –Te fijaste que entre los medallistas de Guatemala dos deportistas triunfaron en las competencias de tiro. El cínico de mi paisano repone: –Con las balaceras que hay en Guatemala eso era previsible)