Desestiman responsabilidad de sensores en avión desaparicido


Efectivos de la Fuerza Aérea de Brasil bajan el cuerpo de un pasajero del vuelo 0447.

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<p>Air France-KLM declaró que no está convencida de que los sensores de velocidad hayan provocado el accidente del A330 en el que murieron 228 personas, mientras debí­an comenzar en Recife, noreste de Brasil, las primeras identificaciones de 41 cadáveres recuperados en el océano.</p>
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El director general de Air France-KLM, Pierre Henri Gourgeon, afirmó hoy en Parí­s que la compañí­a «no está convencida» de que los sensores de velocidad Pitot (sondas) sean la causa del accidente del Airbus que cayó al Atlántico el 1 de junio cuando volaba entre Rio de Janeiro y Parí­s.

El ejecutivo confirmó que se acelerará el programa de reemplazo de las sondas Pitot de los A330 y A340. «Este programa será acelerado pues sabemos que en este accidente hubo un problema en la medida de la velocidad», declaró.

Pero al ser interrogado sobre las crí­ticas por la falta de transparencia en la comunicación de Air France desde el accidente, respondió encolerizado: «Porque no estoy convencido de que las sondas son la causa del accidente, no tengo razones para hacer un comunicado».

Las primeras investigaciones realizadas en Francia señalan que el Airbus pudo haber sufrido fallas en los sensores de velocidad, los cuales habrí­an enviado señales erróneas a los sistemas del aparato. Sin embargo, la causa de la tragedia aún se desconoce.

De hecho, una portavoz de la Oficina de Investigaciones y Análisis francesa (BEA) encargada de las investigaciones técnicas afirmó hoy que «todaví­a no hay ví­nculos establecidos» entre las sondas Pitot y el accidente, que se produjo a 1.100 km de la costa noreste brasileña.

Allí­, desde el pasado fin de semana se recuperaron 41 cuerpos, de los cuales 16 están en tierra para su identificación.

Las operaciones de búsqueda debieron extenderse 250 km al noreste porque las corrientes pudieron desplazar los restos en esa dirección.

La búsqueda de cuerpos tiene como lí­mite el 19 de junio pero desde mañana se evaluará la eventualidad de extender ese plazo, dijo el brigadier de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) Ramón Cardoso anoche.

Aclaró, no obstante, que la búsqueda de destrozos, que corresponde a Francia, «no tiene plazo para terminar».

Un submarino nuclear francés comenzó ayer a buscar las cajas negras del Airbus, con las que se espera esclarecer el desastre.

El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas francesas informó en Parí­s de que el «Emeraude» ya se integró a la flotilla franco-brasileña que busca cuerpos y restos.

El «Emeraude» está dotado de equipos para detectar objetos en grandes profundidades. Si las señales sonoras de las cajas son localizadas, descenderán a recogerlas robots embarcados en el buque francés de exploración submarina «Pourquoi pas» que, según Brasil, llegará mañana.

El área de búsqueda tiene profundidades de hasta 3.500 metros y un suelo muy accidentado pues es parte de la cordillera Mesoatlántica que está entre Brasil y ífrica, explicó el portavoz de la Marina brasileña Giulsemar Tabosa.

Estados Unidos anunció el enví­o de equipos de escucha capaces de detectar señales hasta en profundidades de 6 mil metros.

Las cajas negras, que en realidad son de color naranja, guardan las conversaciones de la cabina y los datos del funcionamiento del avión. Cuentan con un dispositivo que emite señales sonoras durante 30 dí­as.

El avión desapareció la noche del 31 de mayo al primero de junio. Al parecer afrontó fuertes turbulencias y desapareció tras emitir una última señal a unos 653 km de la costa noreste de Brasil.

RECUENTO Varios incidentes


Varios Airbus tuvieron que efectuar aterrizajes de emergencia en una isla del Pací­fico, en las Canarias y en Rusia en las últimas 48 horas debido a incendios y fallos técnicos, después del misterioso accidente del A330 de Air France entre Rio de Janeiro y Parí­s con 228 personas a bordo.

Un Airbus A330-200 de una compañí­a de bajo coste australiana que volaba entre Japón y Australia tuvo que realizar hoy un aterrizaje de emergencia en la isla de Guam, en el océano Pací­fico, tras un conato de fuego en la cabina.

Ninguno de los 203 pasajeros ni miembros de la tripulación resultó herido en este vuelo de la compañí­a Jetstar que habí­a despegado de Osaka (oeste de Japón) y se dirigí­a a la localidad australiana de Gold Coast, a unos 50 km al sur de Brisbane (este de Australia).

El vidrio derecho de la cabina de pilotaje comenzó a humear y después se prendió fuego cuando el avión llevaba ya cuatro horas de vuelo, obligándolo a un aterrizaje de emergencia en Guam.

«Un equipo de investigadores partirá hoy hacia Guam para iniciar la investigación», afirmó un responsable de la Oficina australiana de seguridad en los transportes al canal de televisión Sky News.

El avión afectado es del mismo modelo que el aparato de Air France que cayó en el océano Atlántico el 1 de junio cuando volaba entre Rí­o de Janeiro y Parí­s con 228 personas a bordo, en la catástrofe aérea más grave de los últimos años, que sigue sin explicación.

Ayer, otro Airbus, un A320 de la compañí­a área española de vuelos chárter Iber World con 180 pasajeros noruegos a bordo, tuvo que efectuar un aterrizaje de emergencia en la isla española de Gran Canaria después de que uno de sus reactores se prendiese fuego.

«Poco después de su despegue del aeropuerto de Las Palmas, el avión tuvo que dar media vuelta debido a indicaciones de que no estaba todo en orden», declaró Christian Groenli, responsable de la agencia de viajes Ving, que fletó el vuelo.

Varios pasajeros de este vuelo de Las Palmas a Oslo citados por los medios de comunicación noruegos informaron de un reactor en llamas y de pequeñas explosiones.

«Fue muy espantoso. Salí­an llamas del motor. Oí­mos varios «bums»», declaró uno de ellos a la página web Verdens Gang. Este accidente tampoco causó heridos.

Un dí­a antes habí­a sido un Airbus 340-300 de la aerolí­nea china Air China con 155 pasajeros a bordo el que realizó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto Cheremetievo de Moscú.

El avión efectuaba un vuelo que habí­a despegado de Milán con destino Pekí­n y transitaba por Rusia. El incidente se produjo tras el fallo de uno de los motores.

«Se supone que este tipo de cosas no deben ocurrir. Todo el mundo querrá saber lo que ocurrió», declaró a Sky News en Australia Geoffrey Thomas, responsable de la publicación de aeronáutica Air Transport World.