Más de 300 niños, secuestrados en una escuela del noroeste de Pakistán por combatientes islamistas armados que intentaban huir de la policía, han sido liberados tras siete horas de arduas negociaciones, indicaron las autoridades paquistaníes.
Los siete secuestradores «se rindieron a los miembros de una jirga (asamblea de líderes tribales y notables), les dejaron sus armas y soltaron a los niños», declaró el portavoz del ministerio paquistaní del Interior, Javed Cheema.
Poco después uno de los negociadores de la jirga anunciaba que los islamistas se habían marchado hacia las zonas tribales aledañas, convertidas en santuarios de los insurgentes próximos a Al Qaida.
Esta era la condición que habían puesto para entregar sanos y salvos a los escolares, que tienen a lo sumo diez años.
Los militantes islamistas se habían atrincherado en este colegio de la aldea de Domail, a unos 250 km al suroeste de Islamabad, para escapar de la policía que había logrado desbaratar un intento de secuestro de un médico local.
En un tiroteo anterior a su entrada al colegio, murió uno de los asaltantes y el médico se dio a la fuga.
«Estaban equipados de dinamita, granadas, fusiles de asalto y otros explosivos», explicó el negociador de la jirga Shah Abdul Aziz, quien especificó que retuvieron a 315 alumnos y 10 maestros.
«Porque la vida de los niños es preciada, los notables de las tribus decidieron dejarles el paso libre», agregó.
«Cuando los miembros de la jirga entraron al colegio, los niños lloraban, tenían hambre, y algunos incluso se desmayaron de miedo», contó Aziz.
«Los asaltantes nos repitieron que matarían a los niños y se harían estallar si no se les autorizaba a marcharse libremente», agregó.
Al caer la noche, la policía había levantado el cerco establecido alrededor del colegio.
Desde hace casi una semana el Ejército emprendió una ofensiva de gran envergadura en un distrito de zonas tribales colindantes con esta región y fronterizas con Afganistán.
La operación va dirigida contra tribus fundamentalistas, talibanes afganos y combatientes extranjeros de la red Al Qaida que, según Estados Unidos, reconstruyó sus fuerzas en esta zona.
En tres semanas los combates en las zonas tribales dejaron más de 200 muertos en las filas de los insurgentes y una veintena de bajas entre los militares, según los balances castrenses.
Los enfrentamientos entre el ejército y los rebeldes islamistas en las zonas tribales se intensificaron durante los últimos meses. Habían comenzado a finales de 2001 cuando una coalición internacional, liderada por Estados Unidos, derrocó a los talibanes en Afganistán.