Desde Australia y Estados Unidos


Tras las reuniones que sostuve con miembros de las comunidades latinoamericanas en Australia, entre el 6 y el 13 de abril, resultó claro que los migrantes guatemaltecos no estamos solos en nuestra exigencia del voto en el extranjero y la representación en el Congreso. La comunidad uruguaya ha recibido con gran entusiasmo la realización del referendo de octubre de este año, en el cual, a propuesta del gobierno de Tabaré Vásquez, la ciudadaní­a tomará su decisión sobre este asunto. Igual entusiasmo muestra la comunidad salvadoreña al conocerse que el mismo dí­a de la victoria de Mauricio Funes, presidente electo de El Salvador, él se comprometió a habilitar el voto en el extranjero. Se hará realidad el derecho a la plena ciudadaní­a transnacional.

Ing. Raúl Molina

Las clases polí­ticas del Uruguay y El Salvador han mostrado su madurez y su vocación democrática, al reconocer, sin bandera partidaria, que la habilitación del voto y la representación desde el exterior son sustanciales para hacer avanzar sus procesos democráticos. Esto contrasta con la clase polí­tica guatemalteca, la cual durante 5 años ha ofrecido, de palabra, el voto en el extranjero, sin mover un dedo para hacerlo realidad -de hecho, han querido y quieren darnos atol con el dedo. La preocupación de los partidos polí­ticos es no poder garantizarse que nuestros votos les sean favorables. Con ello sacrifican un derecho humano y constitucional en aras de mezquinos intereses partidarios.

 

La clase polí­tica guatemalteca es miope. Ante la invitación que la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG) formulara a la Comisión de Asuntos Electorales del Congreso para participar en el II Congreso de Migrantes Guatemaltecos en Long Island, en Nueva York, en marzo pasado, en el cual el voto en el extranjero era uno de cuatro temas fundamentales, ni siquiera acusaron recibo de la invitación y mucho menos presentaron excusa alguna por no asistir. Sencillamente, los diputados invitados ignoraron el evento y, con la arrogancia de siempre, menospreciaron a los guatemaltecos y guatemaltecas en el exterior.

El Congreso de Long Island ratificó todas las exigencias anteriormente presentadas y agregó demandas especí­ficas, apoyadas ahora también desde Australia: que se planifique de inmediato la entrega del documento único de identidad a las ciudadanas y ciudadanos guatemaltecos en el extranjero; que el Tribunal Supremo Electoral organice las votaciones en los consulados; que se habilite el voto en el exterior en la misma forma que se votará en el paí­s; y que se reforme la ley electoral para garantizar que por lo menos 3 diputados del Congreso 2012-2016 vengan de las comunidades residentes en el extranjero.

 

Recordamos a nuestra clase polí­tica que la población del paí­s se siente, una vez más, profundamente frustrada, al igual que durante los últimos dí­as del gobierno de Jorge Serrano, al comprobar que los diputados desempeñan un papel totalmente intrascendente y que los funcionarios no cumplen sus obligaciones. Se prepara así­ nuestra población a depositar una vez más su voto de castigo en 2011. No es tarde para que nuestra desprestigiada clase polí­tica legisle en función de derechos y no de intereses particulares.Â