La casi imposibilidad de encontrar más sobrevivientes sumada a los problemas en la distribución de la ayuda humanitaria y al éxodo masivo de la población enlutan a la ciudad peruana de Pisco, una semana después de haber sido golpeada por un terremoto.
La posibilidad de encontrar sobrevivientes bajo los escombros de la derruida ciudad de Pisco se alejó definitivamente hoy, siete días después del violento terremoto que afectó a Perú y que dejó aproximadamente 540 muertos, informó el Cuerpo de Bomberos.
«Esto es definitivo, ya no es posible encontrar sobrevivientes», dijo Alberto Marticorena, comandante de los bomberos de Perú, a la AFP.
Pese al transcurrir de los días, algunas personas tenían la esperanza de encontrar a sus familiares desaparecidos desde la noche del miércoles 15 cuando un sismo de 7,7 grados en la escala de Richter afectó Pisco y el centro-sur de Perú.
Un total de 15 personas fueron rescatadas vivas bajo los escombros de la catedral de San Clemente, en la plaza de Armas de Pisco, sitio principal de la catástrofe, donde fueron rescatados unos 180 cadáveres, dijo en Lima el subcomandante Roberto Ognio.
Los primeros sobrevivientes fueron sacados en las primeras horas, luego del terremoto, entre ellos un bebé con pocos meses de nacido cuyos padres murieron aplastados.
El último fue el sacerdote José Torres -en la madrugada del viernes- que al momento del sismo oficiaba una misa de difuntos.
Ayer los bomberos proseguían removiendo los escombros de lo que fue el hotel Embassy, de donde el martes se sacaron al menos dos cadáveres.
Se estima que puede haber más cuerpos enterrados en el hotel Embassy porque colapsaron sus primeras dos plantas, quedando aplastadas un número indeterminado de personas. El Embassy era frecuentado por turistas mochileros.
En tanto, «Los topos» de México, especialistas en rescate de desastres naturales, denunciaron que no los dejan trabajar en la búsqueda de cadáveres en la ciudad de Pisco.
En respuesta, el comandante de los bomberos peruanos, Alberto Marticorena, dijo que los «topos» de México son un grupo «muy temerario». «En todo rescate debe haber medidas extremas de seguridad y ellos entran sin respetar esas normas», dijo a la AFP.
Una Brigada de Desastres, integrada por grupos defensores de los animales, partirá en las próximas horas a las zonas afectadas por el terremoto para dar los primeros auxilios a los animales.
Esta sería la segunda visita, ya que la primera fue del 16 al 19 de agosto. Durante esos días realizaron labores de rescates de animales entre los escombros, atención de animales en agonía, curaciones de cortes, contusiones, y otros.
Una semana después de la tragedia, Pisco y las otras ciudades afectadas – Chincha, Ica y Cañete- intentaban volver a la normalidad aunque falta todavía mucho para ello.
En Ica las empresas textiles trabajan con un 30% de la capacidad instalada, con lo cual la mitad de los 7.000 trabajadores pudieron volver a sus labores.
Mientras tanto, hoy se inicia en Pisco un programa de limpieza en el que participan unos 1.000 ciudadanos contratados por el gobierno para remover los escombros.
La distribución de la ayuda humanitaria sigue generando polémica a pesar de que es notorio que ésta se empezó a entregar a las poblaciones afectadas desde 13 puntos de reparto.
La lenta organización de los canales de distribución seguía siendo el cuello de botella una semana tras el terremoto. Pobladores de la periferia de Pisco se quejaron de que una gran parte de la ayuda aún permanece en la base aérea de Pisco, convertida en cuartel general donde se acopia toda la ayuda nacional e internacional.
El jefe de la Defensa Civil, general retirado Luis Palomino, hizo ingresar a la televisora estatal para demostrar que la ayuda no estaba siendo retenida. El canal de televisión difundió imágenes de casas prefabricadas almacenadas que aún no se entregan debido a que se está cumpliendo con la fase sanitaria en las zonas devastadas.